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al trasluz

Ganchos de humor

 

eduardo aguirre
18/01/2019

A la Inglaterra separatista no podemos pedirle ahora que nos devuelva el rosario de nuestra madre, pues nunca se lo entregamos, pero sí la parte que nos corresponde del humor inglés. Lo descubrieron gracias a nuestro Quijote, y así lo reconocían Fielding y Sterne. Claro que también ellos nos pueden reclamar que les devolvamos lo que nos reímos con Los Roper, aquella magistral serie sobre un matrimonio mal avenido. Hoy, a George Roper cabe imaginárselo partidario de la salida de Europa; a Mildred, en cambio, a favor de la permanencia, aunque solo sea porque aún debe tener fantasías eróticas con Julio Iglesias. De Benny Hill no me atrevo a aventurar nada, pues era muy parco en palabras. Por cierto, con fino humor berciano contestó en 8 Televisión, el secretario provincial del PSOE, Javier Alfonso Cendón, al ser preguntado por Joaquín Torné que le diría al alcalde de Valladolid, quien ha pedido que su ciudad sea la receptora de las inversiones en la Comunidad: «Dos frases del rey emérito… ¿Por qué no te callas? Y «Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir». Con reflejos de púgil, lanzó al corregidor pucelano -y de su mismo partido- un gancho de sana ironía. Un gentleman en el ring y fuera de él.

Cuando a Groucho Marx su biógrafa, Charlotte Chandler, le comentó que nunca le había escuchado decir tacos él puntualizó: «Los digo, pero no delante de ti. Me considero un caballero». Lo era. Quienes lo son no se suenan los mocos con la bandera, ni siquiera con las del enemigo. Nada exige más talento humorístico que la irreverencia. «Lo más difícil de hacer es una película buena y limpia que guste», afirmaba. Tampoco ponerle ojitos a la señora Dumont y salir vivo del camarote lo consigue cualquiera.

En efecto, el humor inglés lo inventó Cervantes. También el estadounidense, a través de Mark Twain, lector declarado del Quijote. Ahora bien, la risa nos hermana. Cuando Homer Simpson visitó Londres termino siendo expulsado por atropellar a la reina, entonces, clama desafiante en la aduana: «¡Os fastidiáis ingleses, nuestros Rolling Stones son mejores que vuestros Beatles». A lo que cabe añadir: «Y si os salís de Europa ya podéis despediros de ver más a Georgie Dann».

   
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