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EL CORRO

Habas contadas

 

PEDRO VICENTE
26/02/2019

Las habitualmente remansadas aguas de la política autonómica se han visto repentinamente agitadas a causa del torbellino levantado por la hasta ahora presidenta de las Cortes, Silvia Clemente, quien tras dimitir de su cargo y abandonar el Partido Popular, ha obtenido el plácet de la dirección nacional de Ciudadanos para concurrir al proceso de primarias convocado por el partido naranja para elegir su candidato a la presidencia de la Junta en las próximas elecciones del 26 de mayo.

La saga-fuga de Clemente, que ha dejado el PP dirigiendo duras críticas al presidente y candidato a suceder a Juan Vicente Herrera al frente de la Junta, no puede tomarse a humo de pajas. No tanto por el activo que la expresidenta de las Cortes suponía para los populares, como por el dinamismo que a buen seguro imprimirá a las adormecidas filas del partido de Albert Rivera en Castilla y León.

Aunque las encuestas conocidas hasta ahora están sujetas a un elevadísimo grado de volatilidad, lo cierto es que el partido naranja aparece en todas ellas como el dueño de la llave de gobierno en esta comunidad autónoma, de forma que resulta aritméticamente imposible articular una futura coalición de gobierno sin la participación de Ciudadanos.

Tras el cordón sanitario que el partido naranja ha decidido aplicar a Pedro Sánchez, podía pensarse que si se reprodujera una correlación de fuerzas similar a la de Andalucía, Ciudadanos repetiría en Castilla y León y otras comunidades ese pacto tripartito. Y sin embargo, no es así, sino todo lo contrario. Antes de que Silvia Clemente recalara en sus filas, el partido naranja ya venía dejando entrever su intención de apostar por el cambio esto es, la alternancia política, en esta comunidad. Y la incorporación a sus filas de la expresidenta de las Cortes no hace más que redundar en la misma dirección, ya que, tras los duros calificativos dedicados a Fernández Mañueco, resulta imaginable que Clemente apoye su investidura.

Ello reduce sobremanera las opciones futuras. Si PSOE y Ciudadanos suman entre ambos los 41 escaños en que está fijada la mayoría absoluta, la coalición de gobierno socioliberal estará servida. Lo que quiere decir que el PP solo tiene garantizada su continuidad al frente de la Junta si la suma de sus procuradores y los de Vox alcanzar esa frontera. Resultando excluyentes entre sí Podemos y Ciudadanos, la única variable aleatoria sería que ninguna de las dos parejas citadas alcancen la mayoría y necesiten completarla con alguno de los procuradores sueltos llamados a compartir el futuro grupo mixto (el que previsiblemente volverá a obtener la UPL o el que pueden lograr los partidos provinciales que concurren por Ávila y Soria). Son habas contadas.

   
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