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José María Fernández Catón. In memoriam

 

18/12/2009

Tribuna | agustín hevia ballina

presidente de la asociación de archiveros de la iglesia en españa y director del archivo histórico diocesano de oviedo

El Archivo Histórico Diocesano de León y la entera Iglesia Diocesana leonesa acaban de experimentar la más sensible pérdida, en el tránsito de don José María Fernández Catón, director eficientísimo de su Archivo. Fue don José María seguramente el sacerdote más entregado y más experto en la Archivística Eclesiástica hispana.

Salía yo de mi Archivo Diocesano de Oviedo, después de una larga jornada de incesante trabajo con la muy cuantiosa correspondencia de Cuba e Hispanoamérica, cuando una llamada de don Miguel Ángel González García, el Archivero Catedralicio de Orense, me trajo la triste noticia del fallecimiento de don José María. La emoción se apoderó de mí, porque tal noticia suponía el separarme de un amigo entrañable. Casi no acertaba a balbucear palabras con que solicitar el escuchar de labios de don Miguel Ángel pormenores de su dolorosa y prolongada enfermedad, que don José María se había esforzado en superar y que, con plena y edificante resignación cristiana, lo había mantenido en la tensión, hasta culminar su lucha, descansando al fin en el Señor.

Escribir para honrar la memoria de don José María Fernández Catón puede parecer tarea y cometido fáciles, porque Su rica trayectoria como cristiano, como hombre, como sacerdote y como Archivero suministran datos inagotables para expresar una reseña de una vida entregada primordialmente a la Iglesia de Cristo, a través de su servicio a la de León. Uno siente que las palabras que le dedicaré tienen que responder a la objetividad más rigurosa, para dejar constancia de su significado histórico también para toda la Iglesia española, que tiene motivos sobrados para recordarlo como fundador de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, de tanta repercusión para la modernización y puesta en servicio de los Archivos Eclesiásticos a favor de la Iglesia misma y de toda la sociedad española. A la vez, no puedo sustraerme a mi condición de amigo de cercanía y de intimidad, que no podrá menos de dejarse invadir en más de una ocasión por el sentimiento emotivo a causa de tantos momentos compartidos dentro de la Asociación. Si los amigos, según definían los clásicos, conforman una sola alma en dos cuerpos, en mi caso y circunstancia, sin duda alguna, que aflorará esa vena de la subjetividad y del cariño, que se me dispensará por parte de mis benévolos lectores, habida cuenta de esa proximidad y casi identificación de almas y sentimientos. Don José María nació el seis de abril de 1929 en el pueblo de Barcial de la Loma, en la provincia de Valladolid, perteneciente hasta 1955 a la Diócesis de León. En su Iglesia Parroquial de San Pelayo fue bautizado al día siguiente. Realizó los estudios de la Carrera Sacerdotal en el Seminario Diocesano de León y en él se ordenó sacerdote, el 31 de mayo de 1952. Doctor en Arqueología Cristiana, Licenciado en Historia Civil e Historia de la Iglesia, Diplomado en Paleografia, Archivística y Biblioteconomía en el Archivo Secreto Vaticano, puso sus saberes y buen hacer al servicio de la Iglesia y de la Cultura, en la Facultad de Teología de Burgos, en el Seminario Mayor de León y en la Universidad de Santiago de Compostela. Su papel resultó de gran repercusión como secretario de la Junta Nacional del Tesoro Documental y Bibliográfico de la Iglesia Española y como director del Secretariado de Arte Sacro de su Diócesis de León. Fue director de la leonesa Biblioteca Pública del Estado y director, durante un largo período de más de cuarenta años, del Archivo Histórico Diocesano de León.

Impulsado por el Obispo de Ciudad Rodrigo, don Demetrio Mansilla Regoyo, fundó el 24 de septiembre de 1971, con el mismo prelado y con don José María Martí Bonet, don Tomás Domingo, don Felipe Gil, don Dimas Pérez y otros Archiveros Diocesanos y Catedralicios la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, que fue presidida en los inicios de su andadura por el referido don Demetrio durante un corto período de tiempo. Más tarde vivió días de conquistas incesantes bajo la Presidencia de don José María, a lo largo de catorce años, para pasar después a don José María Martí Bonet del Archivo Diocesano de Barcelona, durante otros catorce, estando en la continuidad quien firma estas líneas.

Al frente de la Asociación llevó a término la Publicación de la Guía de los Archivos y Bibliotecas de la Iglesia en España, publicada en León, en 1985, obra de la mayor utilidad para poner al alcance de los investigadores los tesoros incalculables de los Archivos de la Iglesia en España. Como director del Archivo Histórico Diocesano, ha dirigido la Publicación de la magna Colección de Fuentes y Estudios de Historia leonesa, obra de los más altos vuelos científicos, próxima ya a superarlos 120 volúmenes. Las repercusiones de esta Colección superan toda ponderación y la aceptación conseguida entre los investigadores alcanza cotas de imprescindible.

Escribir de don José María Fernández Catón supondría una tarea de nunca acabar, por lo que queda para mejor ocasión la enumeración de los cargos y encomiendas, que la Iglesia y la sociedad leonesas tuvieron a bien confiarle, cargos que fueron siempre desempeñados con eficacia y plena dedicación y entrega. El hueco que su separación de nosotros deja abierto encontrará con mucha dificultad quien llegue a colmarlo. La generosidad con que don José María se entregó sobre todo a su dedicación archivística resultará a todas luces impagable.

Don José María, amigo del alma, la emoción me embarga y me resulta difícil sustraerme a ella. Como miembro que has sido entre los más activos de nuestra Asociación de Archiveros, no me cabe otra palabra que la del más cálido agradecimiento. En todo momento, quisiste ser dócil a la obediencia a tus superiores. Tu labor callada como sacerdote será de esas facetas que los humanos no alcanzaremos nunca a dilucidar, pero que Dios sabrá, en tu comparecencia ante El, recompensar con ese premio que como cristiano, te aguarda en la gloria del cielo.

De tejas abajo nos queda la pena de tu separación, pero en lo sobrenatural, como cristianos y como creyentes, no nos cabe otra cosa que dejar que el alma se nos llene de alegría, porque un hijo de la Iglesia, un cristiano, un sacerdote de Cristo «ha culminado el buen combate, ha consumado la carrera de la presente vida». Para ti, como San Pablo nos previene, «está reservada la corona de justicia y de gracia que el Señor, justo Juez, tiene reservada no solamente para ti, sino para cuantos aguardan su venida».

Descansa en la paz del Señor, amigo querido. Desde esa otra vida, que acabas de iniciar, sal al encuentro de tu Señor, que viene a recibirte. Que Él te acoja con los brazos abiertos, para decirte: «ven siervo bueno y leal, porque has sido fiel en las minucias de aquí abajo, entra ahora en el banquete de tu Señor». Que así acontezca para ti, amigo don José María, y que Dios te reciba en su gloria, en la bienaventuranza eterna del cielo. Amén, sí, así sea.





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