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RÍO ARRIBA

Looking for Torra

 

MIGUEL PAZ CABANAS
03/04/2019

Hay una estelada y una bandera española colgando en dos balcones adyacentes y, mirando la fachada, todos especulamos sobre el odio que se profesarán los vecinos, aunque hay quien las ubica en la misma casa, lo que suscita opciones más jugosas: a lo mejor son marido y mujer, y las ponen para dar a entender que su vida conyugal, y no digamos sexual, es mucho más inspiradora que la nuestra.

Barcelona, con tanta luz y tantos guiños de abril, se extiende junto al mar como una muchacha a punto de tomar el sol. Incluso en los barrios que estamos visitando, los del distrito del antiguo cinturón rojo, sientes el privilegio de estar en una de las ciudades más bonitas del Mediterráneo. En esta zona se ha hecho un esfuerzo urbanístico notable y, junto a la recuperación de sus fábricas textiles, ves dotaciones y viviendas -muchas de protección oficial- de un gusto exquisito. Paseamos con la pereza y el placer que requiere el momento, es decir, despreocupadamente, lejos de cualquier convulsión o tumulto político de última hora. Inevitablemente te fijas en los detalles, en que por las calles la mayoría de la gente va hablando castellano o que el número de lazos amarillos, al menos en esta zona, resulta testimonial. Los asistentes al congreso abundan en esa idea, hasta que penetras en cualquier edificio público y constatas un hecho innegable: ni uno solo de los carteles y dípticos -y son muchos- que se exhiben en las bibliotecas o centros cívicos tiene una versión en castellano, o se muestra en edición bilingüe. Ni uno. El colmo llega cuando, al entrar en la sede de las ponencias, nos topamos con un gigantesco mapamundi donde aparecen todas las capitales de Europa, así como una representación de las del resto del mundo (incluyendo Trípoli y Monterrey) y, sin embargo, brillan por su ausencia Madrid, Valencia o Bilbao: patético.

Las autoridades nos agasajan con una cena espléndida en la Barceloneta y la noche se propaga alrededor de las conversaciones, el humor y las copas. Me voy a ir sin poder hacerme un selfie con la Colau o el Torra, dice un extremeño guasón y con esa frase se abre la veda para los disparates: si persuadimos a Messi para que se suelte por bulerías y soleares, agrega un navarro, habremos dado un paso definitivo para la reconciliación nacional.

El vuelo a León sale a su hora y te vas con la proba sensación de no haber robado a nadie y, mejor aún, de que nadie te ha echado en cara tu aire charnego. ¿Podrá uno seguir disfrutando del fútbol del Barca y del pan tumaca sin sentirse culpable? Al llegar a la Virgen mi maleta es requisada por las fuerzas del orden, que extraen un objeto sospechoso del fondo: es lo que pasa por viajar con calcetines amarillos.