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fuego amigo

Maestro de rebeldías

 

ernesto escapa
13/04/2019

Un derrame cerebral derrotó el domingo a Bernardino Martínez Hernando (1934-2019), todavía activo como archivero y bibliotecario de la Asociación de la Prensa. Don Bernardino pertenece al trío literario que hizo el tránsito en León desde la radio cenicienta a los aperitivos de la década prodigiosa, cuando viajaba cada verano a Francia, donde se diplomó en Literatura. Umbral ponía el broche en La Voz de León, con sus apelaciones de noctámbulo, mientras Crémer asomaba a todas horas por Radio León, para encender las luces de la ciudad, y don Bernardino sembró las ondas episcopales con un humor disolvente de aquella sintonía agobiada de preces.

Con Umbral y España compartió los viajes al Porma en Puente Villarente, adonde los llevaba a tomar baños al sol, para rematar con merienda en Mansilla. Después de estudiar en Comillas, cantó misa en 1958 y aquel curso fue coadjutor en Cistierna. Del estreno quedó un libro en la onda de Bernanos: Historias del coadjutor. Dos años de preceptor en el seminario y otro par como profesor visitante de literatura y coadjutor en San Martín. En los veranos, viajes por Europa. En 1963 puso en marcha la revista Claraboya, que dirigió al principio, para seguir como colaborador, dando vuelo a sus protagonistas. Umbral llevaba la asesoría del Círculo Medina, Crémer echaba la mañana en la Cámara y Bernardino fundó el Forecu, club juvenil que impartía conferencias, daba conciertos, teatro y una vez al mes cine fórum en el Azul. Allí se reveló el cantautor Ricardo Cantalapiedra. Había publicado la Antología narrativa del siglo XIX y preparaba con Gamoneda el volumen Los jóvenes, cuando en la inauguración de curso comprobó sin aviso que ya no contaban con él para la docencia en el seminario, su asidero a la ciudad. Encajó el desaire y salió pitando hacia Madrid.

Su ausencia apagó algunas de las velas más luminosas de la ciudad. Durante la transición, ironizó desde Madrid con las dificultades de acomodo de cierta Iglesia ante la nueva realidad. También entonces dio suelta a su poesía, publicando cuatro libros de versos excelentes, que desvelan su pasión por la palabra como vehículo de comunicación. Antes de su etapa profesoral en Ciencias de la Información, tuvo una década de periodismo religioso en Madrid, a la que siguió un quindenio de periodismo civil orientado hacia la cultura, en que llegó a dirigir el diario Informaciones. En 1987 presentó su tesis sobre Lenguaje periodístico en los periódicos de Madrid (1987), incorporándose como profesor universitario de redacción. Después de jubilarse, en 2006 dona su biblioteca a Mansilla de las Mulas. La corona de laurel (2007), sobre la presencia histórica de periodistas en la Academia, culminó su tarea de hombre de letras.

   
1 Comentario
01

Por saavedra 11:28 - 13.04.2019

Me chirria un poco lo de que Umbral llevaba la asesoría del Círculo Medina.