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león en verso

No hay paraíso

 

luis urdiales
17/04/2019

Los que empujan a la gente a quedarse en los pueblos son los mismos que predican en ruedas de prensa las excelencias de la FP mientras urden maniobras orquestales en la oscuridad, para que el comisionado académico haga la vista gorda con la nota de corte y permita al hijo pequeño entrar en la Universidad.

Despoblación es hoy un señuelo mediático; a la altura de la fiebre fariña, o del prucés. La tabarra sobrevenida de la España vaciada está al nivel del descubrimiento del meconio, después de que extraordinario prosista relatara su aproximación a la paternidad a través de la primera deposición del neonato; en los meses siguientes, florecieron bosques de columnas con el cuento del meconio como hilo musical. Meconio con fresas, café con meconio, meconio al sol; salió el meconio hasta por el grifo de cerveza, a poco que se mirara de reojo la portada del periódico que esperaba turno de revista sobre la barra del bar. Igual que hoy con la despoblación.

Extraña este contagio del balido en el rebaño, hasta en gente que sabe desde hace décadas que hay frigidez demográfica, lema de ese invierno que hace posible tu verano, brecha de debate sociológico que enfrenta cada agosto a los que habitan una aldea durante todo el año y la diáspora, que se pone estupenda con los servicios, la contaminación acústica por el claxon del panadero, el vado, el olor a purines o los excrementos del ganado lanar, (que sería meconio en el caso del corderín). Contra la tendencia natural que empuja a buscar un acomodo lo más lejos que se pueda de la hostilidad del medio, de la soledad, nada más ridículo que ese empeño de firmar treinta megas a golpe de decreto; nada más absurdo que tomar a la gente por presos mencheviques en Siberia o faisanes de reposición en campo de caza. El Estado (si no es de inspiración stalinista) no debe meter las narices más allá de crear condiciones entre hombres iguales.

El resto queda en manos de la libertad; la del que huye del erial a las zonas habitadas, tan respetable como la del que salta del Malecón para llegar a Miami; prueba de su elección certera es que no encuentra flujo en sentido contrario; de Los Cayos a La Habana hay tanto tráfico como el censo de la ciudad al pueblo. La despoblación es una disculpa de los políticos de hoy para tener algo de qué hablar sobre lo que no van a hacer mañana.





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