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La parábola del trigo

 

LA LIEBRE ÁLVARO CABALLERO
10/03/2019

El libro de las parábolas de Llorente, que cotiza como manual imprescindible para esta época de tribulaciones electorales, ejemplifica en uno de sus mejores capítulos cómo funcionan los partidos políticos cuando llega el momento de repartir los puestos. Sin citar al sujeto de la enseñanza de manera directa, como enseñan las sagradas escrituras, presenta a los afectados como los pollos y las ocas que cada mañana tiene que dar de comer el agricultor. Cuando abre la puerta con el saco de trigo debajo del brazo, los animales se agolpan a sus pies sin descanso y le pican con ansia los bajos de los pantalones, como si quisieran descorrerle el dobladillo para ver qué hay debajo, sin que pueda avanzar sin pisarlos o tropezarse. La revuelta se aplaca de raíz cuando la mano derecha empieza a dejar caer un puñado de granos en el suelo, un poco por delante de los pies. Si hay suficiente para todos, se olvidan del campesino, una vez garantizado su modo de vida, y cada uno vuelve a su quehacer ordinario. Pero si se ha quedado escaso el sustento, la batalla se desata y, pobre del labrador en caso de que no ande listo, porque incluso le cae algún picotazo a destiempo.

La enseñanza campesina sirve para enmarcar el periodo de convulsión que se viven estas semanas. La necesidad de ubicarse de muchos políticos para sobrevivir los próximos cuatro años con el sustento garantizado define revuelos como los surgidos en el PSOE, donde al final va a resultar que la religión sanchista de culto a las primarias quiere decir que los militantes proponen y el Dios Pedro dispone. Más sutiles han sido los picotazos en Ciudadanos a cuenta de la entrada de Silvia Clemente por la puerta de atrás. El traslado ha servido para observar dos comportamientos contrapuestos que resumen la cantidad de mierda que decora el palo del gallinero: la facilidad para que le aparezcan enemigos como patatas en el PP, listos para airear los casos que antes ayudaban a tapar con mayor o menor delicadeza, y la flexibilidad con la que ha incubado el huevo ajeno el aparato de la formación naranja hasta hacer que eclosione, votación remota mediante, sin que les importe que el embrión sea de cuco. Habrá más casos. Van a ser unas semanas muy divertidas para ver el espectáculo desde fuera con tanto pollo hambriento y tan poco trigo.

   
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