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al trasluz

Que me perdone Kissinger

 

eduardo aguirre
15/03/2019

Según Kissinger, «El poder es el mayor afrodisíaco». Ahora bien, una cosa es la erótica del mismo, o sea, agarrar el laúd y rondar un puesto en la lista electoral, tarea cargante pero humana, y otra muy diferente es la mera obscenidad política. El caso Silvia Clemente ha excedido la noche de ronda por seguir teniendo sillón orejero, para degenerar en pornopoder. La informática no cuenta con los dedos. Urge una explicación a esos 82 votos irregulares, que le dieron inicialmente la victoria en las primarias de Ciudadanos. Panizo, profesor de la Universidad de León, especialista en voto telemático, ha calificado de «chapuza» el proceso empleado. Pero hoy mi interés está en las antípodas de tales comportamientos: está con Emilio Martínez Mata, catedrático de la Universidad de Oviedo, el leonés que ha encontrado en una de las bibliotecas de la Harvard una desconocida adaptación teatral del Quijote, del siglo XVIII, según leo en este periódico. Sigo su labor como cervantista, pero ignoraba que era paisano. Mi sorpresa es mayor al enterarme de que en mi familia política le conocen desde crío. Todos coinciden en elogiar su doble condición de inteligente y excelente persona, como lo era su padre: Emilio Martínez Torres, alma no solo de la Normal sino de los Cursos de Español para Extranjeros. Insisto en lo que vengo recalcando en esta columna: solo saldremos de este agujero negro si somos capaces de reconocer el mérito objetivo.

Martínez Torres, Waldo Merino, Viñayo y Concha Casado, entre otros, formaron parte de la caballería andante de la ejemplaridad leonesa, en la que saber y conducta iban a la par. También, Cordero del Campillo, a quien la salud le impedirá participar en el coloquio de nuestros exrectores, en el brillante ciclo coordinado por Mata y Vidal. El diálogo entre Rajoy Zapatero, celebrado ayer, merece columna aparte.

Lo que no era muy habitual es que un joven tan estudioso como Emilio Martínez Mata destacase además como gran esquiador. ¿No hay afrodisíaco más eficaz que el poder? Que me perdone Kissinger, quien además de poderoso político fue poderoso profesor en Harvard: el estudio lo es aún más. La erótica del saber. Pero ha de estar respaldada por la conducta.




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