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TRIBUNA

La Racef, Gaudí y el almez

 

La Racef, Gaudí y el almez -

Enrique López González Catedrático de la Universidad de León y miembro de la RACEF
27/04/2018

La Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (Racef) ha llevado a cabo los días 19 y 20 de abril unas jornadas de trabajo en la Casa Botines de León. En esta ocasión los análisis se enfocaron en los retos y oportunidades que suscita la sociedad en transformación que nos está tocando vivir, cuando no sufrir. Cuestiones para reflexionar y desmenuzar hasta encontrar los resquicios, las causas y sus consecuencias, los puntos en común u otros tópicos interrelacionados, en un intento de estudiar posibles soluciones a las aceleradas disrupciones imperantes en la actualidad con la emergencia de lo que se ha venido a denominar ‘la Cuarta Revolución’. Una revolución total, capaz de transformar casi todo lo relacionado con lo humano, imponiendo nuevas exigencias de talentos, capacidades y habilidades en las que necesariamente habrán de formarse los trabajadores. Quién nos iba a decir hace escasísimos años que conceptos como la nube, la internet de las cosas, big data, drones o criptomonedas formarían parte de nuestra cotidianidad. Hablamos de un tsunami que exige como solución primordial venerar la innovación y la creatividad a la par que evitar penalizar el fracaso, pues, constituye un mecanismo propio de los nuevos aprendizajes y emprendimientos. Sabemos que las soluciones simples no fructificarán positivamente para abordar realidades y problemas tan complejos como los actuales y donde se precisa una economía más humana y sensible.

La elección de realizar estas jornadas de trabajo de la Racef en la Casa Botines ha tenido toda una carga «aspiracional», pues, junto a la enjundia de los interrogantes antes aludidos, también constatan la encrucijada en que se encuentra España. Los problemas territoriales, la ruptura separatista, nos desangran a raudales. La Racef lo sabe muy bien. De primera línea. Es la única Real Corporación del Instituto de España con sede en Barcelona, lo que define su idiosincrasia peculiar, la exigencia constante de adaptación a un entorno nada zalamero y menos tutelar. Como institución de larga data y con continua proyección de futuro, al servicio de todos los españoles, su visión de la realidad se alarga y supera la miopía de los populismos antes citados.

Para la Racef, estos días en la Casa Botines, incluso tienen una significación diríase ejemplarizante, pues la odisea de Gaudí en León permite evidenciar el aserto de Mark Twain cuando decía que «la historia, aunque no se repite, rima». Se lo relato brevemente: A finales del siglo XIX Gaudí, que venía de una Barcelona cosmopolita con 270.000 habitantes, llegó a un León con poco más de 13.000 habitantes, arcaico e insalubre, donde sus habitantes estaban preocupados por «el ensanche», interpelaban por cambios estructurales, no tanto por ampliar las calles como disponer de una mayor salubridad en un León que estaba sucio, sin alcantarillado, agua corriente, luz eléctrica ni telégrafo.

En aquel momento, había que transformar la ciudad y la obra de Gaudí supuso un auténtico catalizador revulsivo. La historia lo delata. La Casa Botines es la evidencia del hito histórico que supuso realmente la transición de un pueblón cuasi-medieval a un atisbo de ciudad moderna. El verdadero «ensanche» de León. El punto de palanca transformador. Algo de lo que hoy podemos sentir orgullo como leoneses, todo un privilegio excepcional con el que soñaría cualquier ciudad del planeta. Máxime cuando el gran atractor turístico que la conocida Ruta del Modernismo conlleva en toda Europa encuentra en León alguna de sus raíces más seminales y originales, no en vano gran parte de dicha Ruta pudiera considerarse epígona de la Casa Botines y del Palacio Episcopal de Astorga.

Tal es una de las razones principales de la convocatoria de las jornadas de la Racef en León: dejar constatación de la trascendencia de la Ruta Gaudiniana en la Ruta Jacobea. Gaudí, tan universal y necesario. Tan catalán como leonés. Una metáfora acorde al mismo lema de la Real Academia: Utraque Unum. Así, entre las «conclusiones» de las jornadas cabe resaltar una de especial incumbencia para nosotros los leoneses: La necesidad de «abrir» una línea de colaboración institucional a muy distintos niveles que propicie el desarrollo de una nueva vía socio-cultural de visibilización o acercamiento de Gaudí, la Ruta Gaudiniana, a los «caminantes» del Camino de Santiago a su paso por León y Astorga (en orden a su posición geográfica).

Con todo, es innegable que la obra de Gaudí empata directamenta los sentidos, es eminentemente sensorial. Gaudí no sólo construía edificios, sino que su «propuesta de valor» era crear unos espacios habitables, transitables, auténticos escenarios para la vida, lugares «donde se vive bien, de verdad». Y es que, en realidad, en Gaudí caminan juntos, sin linde ni frontera, arte y técnica, combinando, en delicada armonía, innovación estructural y valentía ornamental, seguridad y genialidad, holismo y espiritualidad, lógica y lírica, pragmatismo y mística, atracción singular junto a fácil accesibilidad, fantasía seductora a la par que utilidad funcional. Es un arte para todo el mundo, generoso y humanitario, con enormes dosis de creatividad e innovación disruptiva a raudales: Somos legión para los que Gaudí es la apoteosis del artista como inventor.

Aun así, todavía está por aflorar a la luz algunos elementos tangibles de su saber hacer, la maestría en el uso de los oficios, la capacidad de alternar la reflexión y la acción o una infatigable necesidad de innovar. En definitiva, los valores de un Gaudí social, ecologista y humano, que pudieran entenderse a modo de lecciones para los emprendedores de una de esas personas que llegaron al futuro mientras todavía habitaban el presente.

Además, para este logro ha contribuido, sin duda, que tan noble y prez Real Corporación sea presidida por el Prof. Dr. D. Jaime Gil Aluja, vetusto Doctor Honoris Causa de la Universidad de León y una de las muy pocas personas que comparten Galería de Hijos Ilustres de Reus con Gaudí, quién una vez más ha demostrado su cariño y afecto por nuestra tierra, simbolizado desde tiempo atrás en un árbol muy peculiar, un almez, que él plantó allá por el año 2002, con motivo de su incorporación en el Claustro de nuestra Universidad en los patios de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales del Campus de Vegazana. Entonces era un pequeño, minúsculo árbol. Parece que no había otro en la Comunidad Autónoma. Sus posibilidades de vida eran mínimas. Pero vivió y creció. Ahora, al Dr. Gil Aluja ya no le es posible abarcar su tronco con sus dos manos. En sus mismas palabras: «Quisimos que ese árbol fuera la imagen de una ciencia económica enraizada en una tierra hostil, capaz de ofrecer su fruto, la «almeza», a quienes se acercaran a recogerlos. Fruto en forma de bolitas oscuras, pero de pulpa dulce, como pequeños retazos de conocimiento surgidos en un ambiente adverso, mantenido por quienes se sentían cómodos en la inmovilidad de su dorada cátedra». Como Gaudí, también sus raíces son fértiles y poderosas.

   
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