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EL CORRO

Sánchez se apiade de nosotros

 

PEDRO VICENTE
08/01/2019

Se añada o no la cuarta urna de unos comicios generales, el 26 de mayo ya es de por sí todo un ‘superdomingo’ electoral. La coincidencia de elecciones municipales y autonómicas con las europeas, algo que en Castilla y León y otras 12 comunidades solo sucede cada veinte años, avalan esa denominación. Si además se hicieran coincidir las generales, estaríamos ante un verdadero atracón electoral (tómese lo de atracón en su versión gastronómica).

Cada campaña electoral es de por sí un suplicio para el paciente ciudadano, sometido a un despiadado bombardeo propagandístico por tierra mar y aire. Pues imagínense tres campañas superpuestas simultáneamente. Con una primera particularidad, cual es que la campaña oficial, restringida a 15 días, hace mucho tiempo que con el eufemismo de precampaña se adelanta en la práctica a los meses inmediatamente anteriores. En estos momentos, a falta de cuatro meses y medio de la cita con las urnas, la precampaña lleva semanas en marcha, al punto que algunos ni siquiera nos han concedido tregua navideña, caso de Pablo Casado, que ha visitado durante el pasado paréntesis festivo nada menos que 12 comunidades autónomas, además de Ceuta y Melilla.

Al tempranero maratón preelectoral del líder del PP seguramente no es ajena la irrupción de Vox, un partido que no es solo que haya venido para quedarse, sino que desde su eclosión en las pasadas elecciones andaluzas está condicionando la agenda política española. He aquí la gran novedad del ‘superdomingo’ 26-M: Ahora son cinco, no cuatro, las principales opciones en liza, lo cual agudiza y agrava el guirigay o torre de Babel que nos espera hasta finales de mayo.

Por si lo anterior no fuera suficiente, hace un par de meses el Congreso y el Senado reformaban, con el apoyo de PSOE, PP y Ciudadanos, la Ley de Protección de Datos y la Ley Electoral autorizando el ‘spam’ electoral. De forma que en las próximas elecciones los partidos podrán elaborar bases de datos con el perfil ideológico individualizado de cada votante extraído de páginas web y redes sociales, pudiéndoles dirigir sin consentimiento previo mensajes propagandísticos personalizados a través de cualquier medio electrónico. Con lo cual el bombardeo más arriba referido se extiende ahora al teléfono móvil, el correo electrónico y al último reducto personal en Internet. Legalmente solo lo podrán hacer durante los 15 días de campaña, pero el mensaje que queda es que los partidos nos tienen fichados.

Ante este panorama, esperemos que Sánchez se apiade de nosotros y no convoque el mismo día nuevas elecciones generales. Aunque está claro que si no lo hace, no será por piedad —hasta ahí podíamos llegar— sino por pura conveniencia partidista.



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