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cuerpo a tierra

Sueños cortos

 

antonio manilla
06/02/2019

Todos soñamos con paisajes de escombros. Nuestros sueños son —así lo escribió el poeta Louis MacNeice— las ruinas del día anterior. Negando la mayor de la escuela freudiana, que tiene a las ensoñaciones por extrañas construcciones del subconsciente, enigmáticos mensajes que en el raro caso de descifrarse correctamente pueden ser instrucciones para el porvenir, el poeta irlandés de Belfast abogaba por un origen próximo y mundano para nuestras ensoñaciones, incluso las más íntimas. Que usted fantasea con ser el único habitante de una isla habitada por musculosos garzones o por bellas mujeres que van semivestidas, eso es que ayer antes de acostarse estuvo viendo un programa producido por José Luis Moreno o que, al volver a casa, se cruzó por la calle con un grupo de jóvenes ondinas saliendo de algún local del Cid. Y todo así. Los sueños de futuro parecen ser más cosa del soñar despierto que del soñar durmiendo.

En demasiadas ocasiones, acaso porque el trote de la actualidad hace a los políticos animales de paso corto y previsible, nuestros gobernantes construyen sus propuestas a partir de los cascotes del día precedente, como si no fueran capaces de proyectar al menos a un par de años vista o de pensar en grande. Soñando dormidos con ideas de poco trayecto, cuando no abocadas directamente a pasar al olvido antes de quitarles el envoltorio. A veces parece que la directriz más sólida de este tipo de políticos es el periódico del día anterior. Produce algún consuelo, dentro de lo malo, que la fuente de su inspiración sea la prensa y no el último tuit de turno. Y tampoco se podría negar que son reactivos, pero a uno lo que le gustaría es que pensaran por sí mismos proyectos de cierto alcance. Que soñaran despiertos, sí, en cosas concretas y que, además, fueran posibles. Esto último es esencial, porque, como dijo Aristóteles, «la esperanza es soñar despierto», pero convendría que algunas de las muchas que ya nos han dado se hicieran alguna vez tangibles.

De sueños recalentados o precocinados en las bodegas preelectorales ya tenemos todos los cromos del álbum. No vamos a pasar lista porque lo que preferiríamos es pasar página. Pero cuánto nos gustaría que nuestros dirigentes exhibieran amplitud de miras a la hora de ensoñar. Que lo hicieran a lo grande. Aunque al final todo acabase en nada. No hay nada más triste que tener hasta los sueños cortos.

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