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HOJAS DE CHOPO

Telares, mancarse, cucear…

 

ALFONSO GARCÍA
10/06/2019

Llego a casa con un nuevo número de la ya histórica revista Tierras de León, que, no sé con exactitud si por primera vez, tiene carácter estrictamente monográfico, de libro. Y lingüístico: Arbolio. Diccionario coloquial, producto del trabajo ingente y duradero de Ángel Fierro, que afirma en la Introducción: «El lenguaje condiciona y ofrece forma al pensamiento. Ahí radica su valor primario. Hay un lenguaje —el propio del entorno donde vivimos— en el que somos educados a través del que nos transmiten historias, tradiciones, e incluso modos de comportamiento». La uniformidad globalizadora, la influencia universal de los medios de comunicación y la lenta liquidación del mundo rural van debilitando progresivamente este concepto, al menos en buena parte de sus raíces.

Pues bien. La revista venía en una bolsa de papel en la que no me había fijado, editada, según consta, con motivo de la Conmemoración del Milenario del Fuero de León (1017-2017). Y resulta que la «publicidad», repetida a dos caras idénticas, abunda en la misma dirección de Á. Fierro, con algunos elementos identificadores del habla de esta tierra. Lo reproduzco como recordatorio, curioso al menos: «El leonés no se pone chulo, se pina; En León no llueve un poco, pintea; El leonés no se va, se marcha arreando; El leonés no tiene trastos en casa, tiene telares; El leonés no se hace daño, se manca; El leonés no se enfada, se enfurruña; El leonés no está delgado, está hecho un jijas; El leonés no cierra la puerta, tranca; El leonés no está cansado, está reventao; El leonés no gesticula, hace esparavanes; Al leonés no le gustan las cosas, le prestan; El leonés no es burro, es como un arao; El leonés no enciende la tele, la prende; El leonés no se lanza, se embala; El leonés no espera, aguanta; El leonés no cotillea, cucea».

Pues eso. Aunque la anécdota no puede elevarse a los altares de categoría no cabe duda de que uno de los elementos que distinguen a los ciudadanos es el lenguaje, hasta el punto de poder delatar el origen de quien habla. Al lector que haya sido capaz de llegar hasta aquí, seguro que le han venido a la mente otra serie de palabras y/o expresiones. Deténgase en este punto y anótelas con su propio significado y el uso que recuerda. La escritura es una forma de preservar la memoria. Es un buen antídoto contra el olvido. El lenguaje es parte esencial de nuestra historia.





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