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PENSAMIENTO CIRCULAR

Entre todas la mataron

 

MARÍA CARNERO
12/04/2019

Esta semana hemos asistido al juicio por el cielo abierto del Feixolín, en Villablino, uno de los atentados ecológicos más graves de la provincia, y que en cierto modo motivó que en 2011 Europa condenara al Reino de España por permitir esta actividad. Después de dos décadas desde las primeras denuncias contra esta explotación, por fin se sienta en el banquillo de los acusados el que fuera el empresario minero más importante de España, el todopoderoso Victorino Alonso, que llegó a ser dueño de hasta 120 explotaciones en toda la cuenca del norte, a través de sus empresas MSP y Unión Minera del Norte que llegaron a sumar los diez mil trabajadores. La Fiscalía de Medio Ambiente pide para el empresario más de ocho años de cárcel por explotar desde 1994 cerca de 210 hectáreas de terreno enclavado en zonas declaradas Lugar de Interés Comunitario (LIC), en Zona de Especial Protección de Aves (Zepa), parte de la Red Natura 2000 y Reserva de la Biosfera de la Unesco desde 2004, además de zona de especial importancia para el urogallo y el oso cantábricos, dos especies declaradas en peligro de extinción.

Todo ello sin Estudio de Impacto Ambiental, ni licencias de actividad, ni nada de nada. No cabe duda de que un tío capaz de extraer sin permiso hasta cinco millones de toneladas a golpe de voladura durante casi 15 años de actividad, en un enclave considerado hoy en día como una de las joyas naturales de la provincia, es un artista del escaqueo burocrático, ya que no hablamos del pleistoceno ni del neolítico, precisamente el periodo al que pertenecía la cueva Cueva de Chaves que este hombre ya se cargó en Huesca y por lo que ya fue condenado a dos años de prisión. Hablamos del siglo XXI, en el que hasta para poner una papelera necesitas permiso.

Pero tiene bemoles, por no decir otra palabra, que en esos quince años ningún organismo público detectara ilegalidad alguna, ni ministerio, ni fiscalía, ni Junta, cuya dirección general de Minas de la Junta autorizaba cada año el plan de labores de la mina, con todas las previsiones de extracción. También me llama poderosamente la atención que mientras la Junta proponía a Laciana como lugar LIC y Zepa en el 99 autorizaba la apertura de la mina de Fonfría, al lado del Feixolín, para poner la puntilla al irrecuperable destrozo del valle de Laciana.

   
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