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LA 5ª ESQUINA

Una lección que cumple un siglo

 

Jesús á. courel
11/07/2012

H ace ahora cien años, José Castaño Posse, escribió un artículo titulado: «El Bierzo, país de turismo», publicado primero en el «Heraldo del Bierzo» y posteriormente en el Boletín Oficial de la Cámara de Industria y Comercio de León, en noviembre de 1912. Este escritor afincado en Cacabelos, aunque argentino de nacimiento, descubrió el potencial del turismo, hace más de un siglo, mientras algunos políticos aún lo andan buscando detrás de proyectos de cartón piedra, cuyo rendimiento económico y social es ínfimo. Castaño recuerda que durante los veranos, millares de potentados (en especial ingleses) «se diseminan en numerosas caravanas, por Francia, Alemania, Suiza e Italia, dejando por donde pasan, un verdadero río de oro.» Aquellos primeros turistas, que en España comienzan tímidamente a florecer tras la llegada del ferrocarril a todos los rincones de la geografía nacional, se centraban en aquellos países «donde existen curiosidades naturales o históricas dignas de admirar» y así muchos pueblos de zonas poco productivas, se sostenían gracias a los dineros del turismo, porque estos viajeros son gente que «no tiene duelo del dinero y paga con esplendidez la satisfacción de sus caprichos».

Para el visionario escritor, España es uno de los países más bellos de Europa, «por la magnificencia de sus paisajes» y porque contiene «verdaderos tesoros de arquitectura que no hallan rival digno en ninguna otra parte», además de ofrecer «poblaciones que todavía conservan su aspecto medieval». Y dentro de España, destaca la comarca del Bierzo, de la que cita «grandiosos panoramas de insuperable belleza,…, torrentes con majestuosas cascadas, encantadoras grutas de estalactitas, ricos valles y fértiles llanuras pobladas de frondosa arboleda, huertos y viñedos, abruptos peñascales e imponentes precipicios, formando todo ello un conjunto de sorprendentes contrastes». Añade que aparte de la naturaleza tenemos «vestigios de obras colosales de la época romana, ruinas de antiquísimos castillos», lo que permite al autor considerar la zona como «una verdadera Suiza en miniatura», aunque concluye con pesar que permanece desconocida para los turistas extranjeros, «aun de los contadísimos que suelen venir a la Península».

Este visionario, que escribiría en 1890 una obrita titulada «Una excursión por las Médulas», creía hace un siglo que teníamos «elementos sobrados para atraerse una buena corriente de turistas». Solo nos faltaba propaganda y aunar esfuerzos «en la noble tarea de buscar el bien general, con orden y armonía y así no duden que el éxito será completo». ¿Lo habremos logrado?… Había que hacer algo.





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