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LA GALERNA

Vivir a pie de calle

 

ANA GIL
16/04/2019

Durante años fue un bar, hasta que una profunda reforma lo transformó en una vivienda. Así, sin más. Una tendencia que gana adeptos en las grandes ciudades como Madrid, donde antiguos comercios se convierten por obra y gracia de una obra en un auténtico hogar. El asunto quizás parezca extraño en una ciudad de provincias como ésta, pero hasta aquí también llegará si todo sigue su curso habitual.

Tiendas o establecimientos hosteleros que cambian de vida en zonas comercialmente muertas —o casi— gracias a una nueva regulación que lo ha hecho posible. Las hay hasta de 25 metros cuadrados, con baño y cocina independientes. Y de 200 a precios no aptos para todos los bolsillos.

Los defensores de esta nueva realidad aseguran que tiene sus ventajas, como vivir a pie de calle, aunque ello suponga perder intimidad y ganar en ruido. Parece que esto crece como la espuma en Madrid, donde comprarse una vivienda es una heroicidad y sale más barato hacerse con un local en planta baja.

Y mientras crecen las viviendas va desapareciendo el comercio. Lo que va invadiendo uno se lo va comiendo al otro, aunque no tengo muy claro cuál es el orden. Quizás un quiosco de la Once también pueda convertirse algún día en una casa de verdad con todos sus compartimentos, porque todo parece susceptible de transformarse.

El comercio está de capa caída. Eso dicen quienes se dedican a ello, pero es además algo palpable en cualquier paseo por la ciudad que se precie. Locales que abren y cierran a velocidad de vértigo en un intento de buscar algo que cuaje. Buscando nuevos perfiles y mejores ideas que consigan obrar el milagro de que alguien entre. Poco queda de aquellas tiendas de ultramarinos en las que se vendía un poco de todo. Empujar la puerta y oler esa mezcla afrutada de productos de todo tipo entre cajas con carteles fluorescentes. Encontrar una de estas es una suerte porque hace tiempo que la globalización empezó a cerrarlas. Ahora se enfrentan a un nuevo enemigo: la vivienda. Un mercado que no deja de transformarse y buscar nuevos espacios al calor de unos precios que no parecen relajarse como nos habían dicho. Sólo hace falta darse un paseo por cualquier ciudad para comprobarlo.





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