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CANTO RODADO

A bailar

A estas alturas de la fiesta, y de la feria, se habrán dado cuenta de que lo mejor que pueden hacer es bailar. Mover el esqueleto y el alma para librarse del amodorramiento de las palabras vacías. .

 

A bailar -

Ana Gaitero
30/06/2019

La danza, la música, el baile... forman parte de la expresión humana más ancestral. Bailar, aunque no sea un agarrao, une más que todas las declaraciones de amor que la clase política lanza al electorado para luego olvidarse al día siguiente de cerrar las urnas.

La danza, que ni siquiera está en el curriculum escolar, debería ser una asignatura obligatoria, sin aprobados ni suspensos. La nota sería proporcional al índice de disfrute. Y les aseguro que las matrículas de honor iban a poblar los expedientes vitales de las personas.

La danza, dice el refrán, sale de la panza. Y es verdad. De esa parte del plexo solar que enraiza con la tierra sin wifi, sin datos y sin móvil (aunque la gente se vuelva loca haciéndose video-selfis mientras baila en la carpa de la Asociación Cubano-Leonesa, un rinconcito de Cuba en el malecón del Bernesga).

Ahora que llegan cambios a la casa consistorial es una buena ocasión para llenar de danza la ciudad, más allá del baile de asientos y despachos que darán días de gloria en el PSOE y de dolor en el PP. Maestra vida, camará, te da, te quita, te quita y te da... dice la ópera-salsa de Rubén Blades.

Al menos, seguimos vivas. Inquietas. Hastiadas, eso sí, del baile de Ciudadanos para colocar sus posaderas en los asientos aumentados del poder en la Junta de Castilla y León, después de haber cambiado bailado en diputaciones y ayuntamientos.

Menudo danzante está hecho el señor Igea. No acaba de estrenarse en la política y ha demostrado sobrada experiencia en el viejo juego del quítate tú pa’ ponerme yo. De candidato a presidente a portavoz de la Junta. De bailarín principal a pareja de baile de Mañueco. A ver ver cómo le baila las palabras.

De momento, las cien medidas que han pactado son bastante huecas. Nada concreto, ningún compromiso novedoso. Mucho postureo y poca chicha para dar esperanza a los rincones de una periferia a la que han succionado durante décadas para construir una capital artificial en el Pisuerga.

Ni un mensaje a las provincias. Ni un guiño a una política territorial más equilibrada. Ni una esperanza, desde luego, de que las políticas de igualdad y de lucha contra la violencia de género sean una prioridad. Este asunto ni lo nombran.

El atrincheramiento de Ciudadanos con el PP es una danza endemoniada. Se trata de ver quién saca rédito del pacto de Gobierno y consigue perpetuarse o aniquilar al contricante. Porque amiguines no son. Al tiempo.

El baile está servido en La Moncloa, donde no paran de entrar ministrables que salen con lo puesto y con la amenaza de Pedro Sánchez de ir a una nueva convocatoria electoral. Pero no se entienden Pedro y Pablo, a pesar de que comparten el santoral que ayer festejó su onomástica y apostolado. Uno guarda las llaves del cielo. Y el otro es, tal cual, como el personaje más polémico y documentado del Nuevo Testamento, al que lo tiraron del caballo y le dejaron ciego hasta que se hizo creyente.

Aviadas estamos si tenemos que volver a andar en danzas con las urnas y las campañas. Es tiempo de bailar, sí, pero en verbenas y fiestas. En las plazas y en las eras. O donde plazca. A la sombra y a la fresca. Que arrecia la calor. Y nos abocharnan.

Es tiempo de agitar ideas y tejer un tiempo nuevo con las materias olvidadas del pasado. Como esas telas adamascadas de viejas colchas y colchones que la diseñadora María Teresa Morán ha transformado en bolsos y chaquetas.

Es el momento de poner a la historia en su sitio. Ahora que en San Marcos van a acristalar los restos arqueológicos es un buen momento para que se exponga al público, con transparencia, la verdadera historia del hospital de peregrinos que, antes que parador, fue campo de concentración, de represión y exterminio. El escenario de una danza macabra.



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