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Los conflictos del hambre

En Yemen, Sudán del Sur, Afganistán, República Democrática del Congo y la República Centroafricana, la inseguridad alimentaria volvió a dejar huella a aumentar a finales del año 2018, señal de que la violencia y el hambre guardan todavía una relación que resulta «demasiado persistente».

 

YAHYA ARHAB -

belén delgado / agencias
10/02/2019

Ocho países concentran el mayor número de personas que necesitan alimentos urgentemente, 56 millones, y en cinco de ellos el hambre crónica no para de crecer por el común denominador que representan los conflictos.

En Yemen, Sudán del Sur, Afganistán, República Democrática del Congo (RDC) y la República Centroafricana, la inseguridad alimentaria volvió a aumentar a finales de 2018, señal de que la violencia y el hambre guardan una relación «demasiado persistente».

Es lo que sostienen la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en su último informe dirigido a los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En el mapa de las mayores crisis humanitarias del mundo siguen un año más Somalia, Siria y la cuenca del lago Chad —sobre todo el noreste de Nigeria—, aunque últimamente su situación alimentaria ha mejorado, en línea con una mayor seguridad.

De todos esos casos, el experto de la FAO Luca Russo ve un «cambio dramático» en la RDC, donde la prevalencia del hambre se ha disparado un 11% en un año por la intensificación de los enfrentamientos en el este y la crisis de desplazados en el centro.

Unos 13 millones de personas requieren ayuda de emergencia en el país, solo superado por Yemen, con casi 16 millones —más de la mitad de su población— en crisis alimentaria.

«Hay muchos yemeníes que están muriendo de verdad, pero no son tantos como para declarar una hambruna», asegura a Efe Russo, que precisa que la operación humanitaria allí ha servido de contención, si bien «es muy difícil» llegar a ciertas zonas donde la gente no puede alimentarse.

Según la ONU, cabe esperar más personas al borde de la hambruna si se detiene la asistencia, la guerra se intensifica y se cierran puertos como el de Al Hudeida, principal punto de entrada de la ayuda y las importaciones de alimentos.

El único de esos países en conflicto donde está haciendo mella el clima a través de la sequía es Afganistán, que afronta un complicado periodo de carestía tras una de las peores estaciones de lluvia en casi diez años, apunta el asesor de la Red de sistemas de alerta temprana para la hambruna (FEWS) Peter Thomas.

Según las proyecciones, más de 10 millones de afganos sufrirán un déficit crítico de alimentos en las zonas rurales si no se les presta ayuda urgente.

Desplazados y sin hogar

Mientras, en Sudán del Sur, Thomas subraya que «el conflicto se ha extendido a la mayor parte del territorio y mantiene altos niveles de desplazamientos y a muchos hogares con acceso restringido al mercado» y sin poder cultivar los campos.

Donde tampoco se ha logrado evitar un aumento del hambre es en la República Centroafricana, con casi dos millones de personas —sobre todo desplazados y comunidades de acogida— que padecen así en sus carnes la inseguridad arrastrada desde el derrocamiento del presidente François Bozizé en 2013.

Giuseppe Famà, especialista del International Crisis Group, recuerda que «los combatientes no hacen distinción entre las partes en conflicto y los civiles», y llama a apoyar los esfuerzos pacificadores de la Unión Africana a nivel local.

La República Centroafricana, Sudán del Sur y el Yemen están precisamente en la lista de diez países y regiones que dicho centro de análisis considera en riesgo de sufrir una escalada de violencia y en los que la Unión Europea podría promover acciones para acercar la paz.

Actualmente hay en el mundo masivas operaciones humanitarias que llegan a millones de personas cada mes, pero, como dice Thomas, en ciertos casos «las necesidades aumentan cuando la asistencia no puede llegar a quienes más lo necesitan».

En parte ocurre por los ataques contra quienes proporcionan tal ayuda: el año pasado se contabilizaron 284 víctimas, de las que 104 perdieron la vida, según la base de datos sobre la seguridad de los trabajadores humanitarios (AWSD).

En los ocho países analizados por la ONU, los ataques se repiten con mayor o menor intensidad, haciendo que las carreteras sean un peligro y se deba destinar mucho más dinero a la seguridad —en forma de convoyes o helicópteros— y restárselo a la propia asistencia.

Palabra de Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró esta semana que «ha llegado la hora» de intentar la paz en Afganistán después de dos décadas de guerra. «No sabemos si lograremos un acuerdo, pero sí sabemos que después de dos décadas de guerra ha llegado la hora de al menos intentar la paz», aseguró el mandatario, en su segundo discurso sobre el Estado de la Unión. Así, Trump aseguró que bajo su presidencia ha «acelerado las negociaciones para alcanzar un acuerdo político en Afganistán».

Consideró que el Gobierno estadounidense está «manteniendo conversaciones constructivas» con varios grupos afganos, «incluyendo a los talibanes».

«A medida que avancemos en estas negociaciones, podremos reducir la presencia de nuestras tropas y centrarnos en la lucha contra el terrorismo», argumentó Trump.

Por su parte, el Gobierno de la República Centroafricana (RCA) y 14 grupos rebeldes armados formalizaron el pasado jueves en Bangui la firma del acuerdo de paz que debe poner fin, si es respetado, a la violencia que vive gran parte del país desde hace más de 5 años. Las partes pometieron respetar el acuerdo, cuyo contenido aún no ha sido publicado de forma oficial, para poder traer la paz definitiva a este país centroafricano.

Entre los puntos culminantes de las negociaciones acordados destaca el compromiso del Gobierno de no perseguir judicialmente a los líderes rebeldes y el acuerdo para formar un Ejecutivo de unidad nacional con representación de los grupos armados, según pudo constatar Efe antes de que el acuerdo fuera rubricado. Además, también incluiría la creación de un fondo de indemnización de las víctimas y de una brigada mixta de patrullaje de las zonas ocupadas por los rebeldes, con presencia de las fuerzas armadas y de «cascos azules» de la misión de la ONU en el país, la Minusca.

Amnistía Internacional (AI) acusó hace unos días a Emiratos Árabes Unidos de «desviar» una gama de armas de manera «imprudente» a «milicias» en el marco de la guerra en el Yemen, en la que participa dentro de la coalición árabe liderada por Arabia Saudí. «Las fuerzas emiratíes reciben armas por valor de miles de millones de dólares de los estados occidentales y de otros solo para desviarlas a las milicias en el Yemen que no responden a nadie y se sabe que están cometiendo crímenes de guerra», indicó en un comunicado Patrick Wilcken, investigador sobre el control de armas y derechos humanos para AI. En una investigación, titulada Cuando las armas se desvían: la nueva y mortal amenaza del Yemen de desvío de armas a las milicias», AI indicó que EAU se ha convertido en un importante conducto por el cual suministra vehículos blindados, sistemas de mortero, rifles, ametralladoras, entre otros, a los grupos que financia.

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