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Esa lengua

 

Vanessa Carreño
03/02/2019

Si quiere conocer bien a alguien, escúchele y observe cómo habla. Y es que el lenguaje refleja cómo somos, lo que creemos y lo que pensamos. Por eso también es una herramienta estupenda para cambiar nuestra forma de pensar. Porque hablamos como pensamos, así que si cambiamos nuestra forma de hablar, también cambiaremos nuestra forma de pensar.

Y esto, ¿cómo se hace? Aquí tiene unos sencillos pasos:

—Observe su lenguaje. No podemos cambiar lo que no conocemos, así que empiece a prestar atención a cómo habla. Por ejemplo, si utiliza expresiones que le minan la autoestima, como «no voy a ser capaz», «soy idiota», «es muy difícil», «qué mala suerte tengo» o «te voy a dar mi opinión, igual es una tontería».

O si su forma de hablar atenta contra los demás, con expresiones como «es culpa tuya», «te lo dije», «siempre haces lo mismo», «eres un vago» o «me pones de los nervios».

O si vive en un constante «tengo que», «hay que», «se puede» y «no se puede». Todas esas normas tan rígidas que aprendimos de pequeños y que muchas veces también usamos para acusar a los demás de lo que deberían hacer.

—Cambie esas expresiones que le limitan. Vaya poco a poco. Fíjese en una que repita mucho y esfuércese por dejar de usarla. Concéntrese en ese pequeño cambio durante al menos tres semanas. Por ejemplo, el «es muy difícil» por «esto me va a suponer un gran esfuerzo, ¿quiero asumirlo?».

O si va sobrado de negatividad, con expresiones como «no tiene solución», «es horrible» o «no deberían hacer eso». Le damos demasiada cancha a lo que no queremos, y lo único que nos aporta es más de lo mismo. Así que ponga el foco en lo que quiere y aprenda a hablar en positivo.

—Márquese pequeños retos y recompensas. Por ejemplo, dese un pequeño premio cuando haya pasado tres días sin decir no o sin quejarse de alguien.

Recuerde que, para bien o para mal, las palabras que utiliza tienen un efecto en su estado de ánimo. Y que usted elige cuál va a ser ese efecto. Porque los límites no están ahí afuera, sino aquí dentro.



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