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Escamas que no sólo visten peces

Cada vez hay más diseñadores de moda que piensan en la piel del pescado para sus vestidos y complementos, como una alternativa original a otros materiales

 

Foto cedida por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que muestra sandalias con pieles de pescado del lago Turkana de Kenia procesadas por la empresa local Victorian Foods en la ciudad de Kitale. -

belén delgado
30/12/2018

N i pieles sintéticas ni de mamíferos como el visón. Cuando la brasileña Barbara Della Rovere decidió crear su propia marca, optó por un nuevo tejido que le había «fascinado» en su país natal: la piel de pescado. «Al principio lo hice por diversión», afirma esta diseñadora afincada en Roma, que vio la oportunidad de dar empleo a compatriotas en la distancia.

En el sur de Brasil, en la bahía de Paranaguá, las mujeres de una cooperativa se encargan de quitar la piel de lo que pescan sus maridos para vender la producción limpia en el mercado.

Se deshacían de los restos en el río, hasta que unos expertos les advirtieron de que estaban tirando el dinero. Aprendieron entonces a aprovechar la piel y teñirla con colorantes naturales. Esas mujeres se convirtieron así en las primeras proveedoras de Della Rovere, quien deja la confección posterior en manos de artesanos italianos. «No comencé pensando en una marca sostenible, pero así ocurrió», subraya la creadora.

Más de una vez le ha tocado enfrentarse a ciertos prejuicios: «Cuando cuento que hago bolsos de piel de pescado, lo primero que hace la gente es preguntarme si huelen mal». «En absoluto –responde-, a la piel se le aplican tratamientos naturales; además es muy resistente y flexible, y da muchas posibilidades».

En su búsqueda de más socios, la brasileña se ha topado también con comunidades que no quieren hablar de sus técnicas de procesamiento.

Ella, en cambio, prefiere trabajar con quienes poseen certificación. «Para mí es importante controlar la cadena» y evitar los químicos, ya que «no puedo promocionar algo que no sea sostenible de verdad», declara.

Desde ÁFRICA

En el lago Turkana de Kenia, una zona desértica donde la pobreza campa a sus anchas, los pobladores pescan perca del Nilo un pez de agua dulce que puede llegar a medir cerca de dos metros.

La empresa Victorian Foods procesa el pescado, lo corta en filetes y lo transporta hasta una ciudad de donde parte a otras zonas del país y del extranjero. Su director ejecutivo, James Ambani, nunca se imaginó que pudiera contribuir a la moda, pero ahora que ha diversificado el negocio no se arrepiente.

«Antes tirábamos mucha parte del pescado a la basura. Vendíamos la piel a 10 céntimos de dólar y ni siquiera era rentable, así que comenzamos a destruirla», comenta.

A veces se usaba como fertilizante o pienso. Desde que la procesan como textil, Ambani ha pasado a contratar a más mujeres para esa tarea —hasta 21— y a depender de más pescadores, hasta 300.

   
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