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Vanessa Carreño
06/01/2019

La mayoría de las personas criticamos algo de alguien cada día, ya sea diciéndoselo a esa persona o simplemente pensándolo. Sin duda, prestamos mucha más atención a los errores que a las virtudes de los demás. ¡Con lo maravilloso que es decir (y pensar) las cosas bonitas! ¿O a usted no le gusta que se las digan? Claro que sí, ¡como a todos!

El reconocimiento es uno de los regalos más mágicos que existen, porque genera alegría en el que lo da y en el que lo recibe. Y aun así la mayoría no somos conscientes de lo mucho que podemos aportarle a alguien al hacerle un cumplido. De que le transmitimos confianza, le decimos lo que funciona y lo que queremos que siga haciendo así, y mejoramos su autoestima.

Por ejemplo, si quiere que su hijo estudie más, en vez de decirle «no te esfuerzas lo suficiente», pruebe a valorar cualquier pequeño esfuerzo que haga. Porque cuando trata a alguien como es, seguirá siendo igual. En cambio, si le trata como la persona que puede llegar a ser, se convertirá en esa persona. Eso es darle alas a alguien.

Y, a pesar de ello, ¿cuándo fue la última vez que le dijo algo positivo a alguien? En parte porque no nos enseñan a decir las cosas buenas, y sí a fijarnos en las malas. Pero también porque hay personas que piensan que lo bueno se da por supuesto y que lo que hay que decir es lo negativo, para que los demás lo corrijan.

Pero, ¿qué puede haber más bonito que mostrarse ante alguien a quien queremos y dejar que esa persona sepa lo que nos gusta de ella? Con un «gracias», un «me ha encantado verte» o un «me alegro mucho de que lo hayas conseguido». Incluso con un gesto o una sonrisa.

Así que, como propósito para el nuevo año, anímese a hacer un cumplido cada día, o a decir gracias cinco veces. Cuando esté con alguien piense, ¿qué le podría reconocer a esta persona? Poco a poco fortalecerá el músculo del reconocimiento y eso le ayudará a conectar con los demás, pero también consigo mismo, porque ver la luz en los que nos rodean nos ayuda a ver nuestra propia luz.

   
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