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La leonesa que cuenta las nubes

Ensalzar los pequeños detalles y la belleza de lo cotidiano. Esa es la esencia de Counting Clouds, el proyecto de moda sostenible de Elena Garicano que se une a la revolución que apuesta por el cuidado del entorno y que cada vez suma más adeptos

 

La leonesa que cuenta las nubes - COUNTING CLOUDS

A. GIL | LEÓN
31/12/2018

Dejó la arquitectura para comenzar su nuevo proyecto, uno que le permitiese trabajar y ejercer de madre sin tener que renunciar a ninguna de las dos cosas. Fue así como la leonesa Elena Garicano comenzó su camino como autónoma. «A raíz del nacimiento de mi segunda hija empecé a ver el mundo del urbanismo y la edificación incompatible con el tiempo que quería dedicarle a las niñas y, también, cada vez veía más claro en mi cabeza un proyecto propio que combinara diseño y cuidado por los detalles con artesanía, producción local y sostenibilidad», explica Garicano. Un máster y un curso de diseño de moda terminaron de perfilar su idea.

Y nació Counting Clouds. «Buscaba un nombre que reflejara los pequeños detalles y la belleza de lo cotidiano, que significara algo que hiciéramos en familia y me recordara un momento feliz. Un día, mirando al cielo y jugando a imaginar formas con las nubes lo vi claro: Counting Clouds (contando nubes)». De eso hace ahora dos años, un tiempo en el que esta marca con alma leonesa afincada en Madrid ha conseguido hacerse un hueco en las publicaciones nacionales especializadas en moda, pero también ha conseguido los favores del público al que se dirige. Un público que elige la moda sostenible como una apuesta para vestirse sin dejar a un lado el cuidado del medio ambiente. Son prendas de punto que cuentan una pequeña historia en cada colección «La marca nación con el deseo de crear piezas que nos hagan emocionarnos con las pequeñas cosas y encontrar ka belleza en lo sencillo.

En Counting Clouds creen en el poder de las personas para cambiar el mundo. Por eso, a través de la confección en talleres locales y de la selección de las mejores materias primas, elaboran jerseys, chaquetas o bufandas con alma, con esencia artesana. El resultado son prendas de punto para niños y mujer. «En los comienzos, combinada piezas de tela con estampados diseñados por mi y prendas de punto», cuenta Garicano. Su marca ha ido evolucionando hasta convertirse en un fiel reflejo de los valores que quiere transmitir: «el de la belleza de lo cotidiano, el de lucha para conservar la naturaleza, el de las empresas que producen localmente, con materiales sostenibles y el valor del crecimiento personal para iniciar los cambios que nos llevan a ser la mejor versión de nosotros mismos».

COMPLEJO ENGRANAJE

Elena Garicano es su propia marca. Diseña las prendas, los estilismos de las sesiones de fotos, la página web, prepara los pedidos y gestiona la tienda on line, además de llevar la contabilidad y la comunicación. Todo ello, con el apoyo de los pequeños talleres de Madrid donde se elaboran las prendas, los proveedores, la fotógrafa, la agencia de márketing, las mensajerías... «Al final todo es un complejo engranaje que se complementa para que cuando un cliente reciba un pedido, reciba también todo el trabajo y cariño que hay detrás», explica.

Esta forma de trabajar tiene también su lado oscuro. «Lo más duro de emprender es la soledad, la montaña rusa de emociones que conlleva un proyecto propio. Cuando algo sale bien es una alegría enorme, pero cuando te equivocas la decepción también es tremenda». Pero justamente esa es también la parte buena: «la alegría de cada logro y la posibilidad de gestionar mi tiempo, aunque el balance de horas de trabajo sea mayor que en cualquier otro proyecto por cuenta ajena».

Su forma de entender la realidad, en la que la sostenibilidad tiene un peso muy importante, va sumando adeptos, aunque, al igual que sus jerseys, se cuece a fuego lento. «Queda mucho camino por recorrer, aunque cada vez hay más gente concienciada con la necesidad de cambiar nuestros hábitos. La sostenibilidad no solamente se mide en lo que consumimos y en cómo gestionamos nuestros residuos, sino en la manera de cuidar y valorar lo que tenemos, en lo que transmitimos a nuestros hijos», apunta esta leonesa.

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