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s.o.s. a la biodiversidad

El mundo entero quiere polinizar

Tres de cada cuatro cultivos que producen frutos o semillas para el consumo humano dependen de los polinizadores. Un movimiento global pretende favorecer su trabajo y frenar su extinción creando pequeños y curiosos ecosistemas domésticos.

 

El mundo entero quiere polinizar -

a. gil
07/07/2019

Existe un plan para salvar a los polinizadores. No ha sido creado por una institución internacional ni lo abandera ningún gobierno, es un movimiento humano que se ha extendido ya por el mundo entero y que tiene como misión ayudar a los polinizadores a seguir existiendo.

Es bien conocida la cruzada que afrontan las abejas, en grave peligro de extinción por varios motivos. Ellas son las más conocidas, pero no son el único ni tampoco el más importante ser vivo que ayuda al desarrollo de la naturaleza y, por extensión, a la vida. Murciélagos, polillas nocturnas o moscas, por ejemplo, contribuyen al proceso de creación de alimentos, medicinas o ropa. Se alimentan del néctar de las flores y transportan de forma ‘accidental el polen de una flor a otra, lo que hace que la mayoría de las plantas produzcan frutos.

Según Antonio Regil, entomólogo, zoólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de León, «la conservación de los polinizadores es de una importancia suprema porque, además, marca el desarrollo de un país».

Lo cierto es que un millón de los ocho millones de especies animales y vegetales existentes está amenazadas de extinción y podrían desaparecer en sólo décadas si no se toman medidas efectivas, urgentes y decisivas.

UN INFORME DIFERENTE

El origen de este declive podría estar en los cambios en el uso de la tierra y el mar debidos a la acción humana, las emisiones de gases de efecto invernadero —que se han duplicado desde 1980— y el aumento de especies invasoras. Así lo señala el informe The Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosysten Services (Ipbes), de un organismo independiente impulado por la ONU. Sus estimaciones no son nada alentadoras. Elaborado durante los últimos tres años por 145 expertos de 50 países y con colaboraciones de otros 310 especialistas más, este informe advierte de que esta realidad tiene consecuencias directas para la especie humana. ¿Un ejemplo? el declive de los polinizadores tiene efectos potencialmente muy negativos sobre la polinización de frutas, legumbres, chocolate o café.

Al calor de estos datos, ha surgido el denominado movimiento mundial que persigue poner freno a este desastre medioambiental. Propone cultivar jardines o pequeños espacios a nivel particular con el fin de favorecer la llegada de polinizadores y, de paso, facilitarles un poco el trabajo. Cualquier espacio, por pequeño que sea, puede ser bueno. Se trata de plantar especies amigables para las abejas y las mariposas, proveerles de agua y buena luz y evitar el uso de pesticidas.

Hasta ahora, más de un millón de personas han ido tejiendo esta red global. Creada en 2015, en estos cuatro años se han creado más de un millón de huertos. Aunque la mayor parte de este movimiento se desarrolla en Estados Unidos, es cierto que cada ve más personas de otras partes del mundo se deciden a hacer la vida más amigahle para estos insectos. «Es un movimiento necesario porque la pérdida de biodiversidad es muy palpable», explica desde León Regil, quien asegura que «la acción particular es muy importante, pues pueden encontrar de esta manera unos cuidados que no tienen en su espacio natural porque les hemos agredido».

MÁS ANTIGUOS QUE EL HOMBRE

Este profesor leonés recuerda que los insectos «son mil veces más antiguos que el hombre. Nos llevan la ventaja de todas las agresiones con las que se han encontrado, nos superan en número y también en estrategias para defenderse y por eso sobreviven a los efectos de los plaguicidas». Aborda así la polémica sobre el uso de estos productos, a quien se atribuye buena parte del declive de los polinizadores. Él apuesta por el control químico. «No se debe hacer nada contra una plaga al menos que la plaga esté presente. Es el punto principal, pero pocas veces se cumple», apunta.

En este contexto se enmarca el plan urgente que prepara el Gobierno contra la desaparición de las abejas. Una iniciativa que admite como causa principal el uso masivo de plaguicidas. No en vano, España se encuentra a la cabeza de la Unión Europea en cuanto a venta y uso de estos productos. Un plan que también ha cosechado críticas por parte de las organizaciones ecologistas que, aunque celebran su llegada, atacan su falta de concreción «y su pliegue a los intereses de la industria química». Piden un calendario en el que reduzca el uso de estos químicos.

Es ahora cuando la creación de pequeños ecosistemas puede ser una gran ayuda para que este problema no se prolongue aún más.



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