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CANTO RODADO

No saben sumar

Dicen que en León no sabemos sumar. Pero a la vista de la chapuza del conteo electoral parece que la aritmética se da mal en todo el país. Incluso las empresas privadas cojean en matemáticas..

 

No saben sumar -

Ana Gaitero
02/06/2019

La empresa Scytl-Vector ha protagonizado uno de los capítulos más lamentables de las elecciones en España. Y el Ministerio del Interior ha dado explicaciones poco convincentes, de las de escurrir el bulto. Un proceso electoral cuesta mucho dinero, sí. Pero lo más importante no son los millones de euros por los que tanto se llora. Lo crucial, en este caso, es la confianza de la ciudadanía. Se han puesto en manos privadas aspectos esenciales de la democracia y el analfabetismo electoral roza lo grotesco.

Muy poca gente sabe, por ejemplo, que los votos se destruyen nada más hacer el recuento de las urnas y firmar las actas electorales. Los grandes partidos tenían bastante con su clásica fontanería para controlar los procesos electorales. Y ahora se valen de la ingeniería, de la misma manera que las grandes corporaciones nos miden por algorritmos. La ciudadanía... ¡qué más da!

En las pasadas elecciones generales a Sara Brasa, una leonesa con discapacidad visual total, ciega, se le negó estar de suplente en una mesa electoral de Viñales (Bembibre) por falta de medios para hacer accesible esta responsabilidad de la que muchas personas, por cierto, tratan de zafarse con las excusas más peregrinas. A Sara le quitaron, sin embargo, la confianza en el sistema y lo único que recibió fue broncas en la Once.

Las elecciones municipales, autonómicas y europeas nos han demostrado lo importantes que son las personas. La ciudadanía al frente de las mesas electorales. Incluso el error de bulto de la mesa de las Pastorinas es una lección para tomarse aún más en serio la responsabilidad cívica de participar en el proceso electoral.

Afortunadamente, mientras nos intentan convencer de que la robótica sustituirá a los seres humanos de los puestos de trabajo y otras tareas, la realidad se muestra tozuda y la intervención de las personas se hace indispensable. Cuando los gobiernos contratan a empresas para prestar servicios tienen que fijarse en algo más que el dinero.

El mal de no saber sumar es general. Unos por mucho y otros por poco. La noche electoral Silván se encomendaba al bloque del ‘centro derecha’ para aparecer como ganador cuando el triunfo, por poco o mucho, era del PSOE y de José Antonio Diez, que casi no se atrevía a lucir palmito.

Lo mismo pasó en Madrid con Manuela Carmena. Había ganado y aparecía como la perdedora porque no podía sumar para gobernar. Pero eso es harina de otro costal y muchas negociaciones.

En la izquierda el problema de no saber sumar es de antes de las elecciones. La chapuza del conteo ha amortiguado los análisis sobre qué pasado en León y en Castilla y León con Podemos e Izquierda Unida. En la capital pierden tres cuartas partes de la representación que tenían. Con la suma de los votos que las dos formaciones obtuvieron el 26-M solo conseguirían un representante más. Así que, aparentemente, pueden quedarse tranquilas las personas que hicieron todo lo posible por no confluir. Total, para un sillón más...

La cuestión es que las sumas a veces no son cuestión de matemáticas. A veces, dos más dos son cinco o siete y cuatro más cuatro nueve. El problema, a veces, no solo es lo que se suma con dos más dos, sino a mayores lo que no se resta por ser dos y dos sin sumar.

Las utopías, como la que Carlos de la Varga ha pintado en la fachada del Musac, suman de una manera diferente a como lo hace la artimética. Suman sentimientos, energías, expectativas, ilusión... Todo eso se echó por la borda por egos y olvido del movimiento ciudadano del que salieron reforzados hace años.

La UPL lo ha entendido bien. Por sumar, sumó a su programa hasta acciones de igualdad inspiradas en los recortes de prensa... Lo cual es de agradecer. Por Calimeria Montiel, columnista que fue de este periódico, y por todas las demás.





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