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REPORTAJE

Un omañés en el templo argentino de la conversación

La Biela es en Buenos Aires una especie de Café Gijón madrileño, con mezcla de restaurante La Coupole parisino. La Biela es el templo argentino de la conversación pausada, un lugar frecuentado por primeros ministros, dirigentes mundiales, artistas y literatos de primera fila. También de los que quieren pasar desapercibidos y frecuentan lugares acogedores de la normalidad. Al frente está un omañés.

 

El periodista del Diario de León, Manuel Félix, con Carlos Gutiérrez, leonés de Las Omañas y director de La Biela, el mítico café de Buenos Aires. En las otras fotos, fachada y exteriores de este templo argentino de la conversación y la calma. -

Un omañés en el templo argentino de la conversación -

MANUEL FÉLIX / BUENOS AIRES
30/06/2019

Llego a La Biela influenciado por un artículo de Pérez-Reverte, que recrea la escena de una niña y su padre, que le pide una foto de la mesa de Borges y Bioy Casares, en vez de la de un Leo Messi de cartón piedra, situado en el exterior de afamado café y masacrado a flahsazos por turistas con prisas.

Me siento, hablo con Joaquín, uno de sus camareros profesionales que saben latín. Me pregunta de dónde vengo y le cuento que de León, que trabajo para el Diario de León. Esa palabra, ‘León’, le encendió todas las alarmas y me dice que el dueño de La Biela, Carlos Gutiérrez, seguidor de una saga en quinta generación, es de León. Sin yo pedirle nada, Joaquín fue a hablar con él, le dijo que había un cliente en La Biela que viajaba desde León y, sin aún ver de cerca a Carlos, el camarero me comunica que estoy invitado a comer, que luego me atiende en los postres Carlos.

Y así fue como el actual gerente de La Biela, Carlos Gutiérrez, empieza a desgranarme anécdotas de una vida llena de amigos de gran influencia política, deportiva, literaria y artística.

«Yo estoy en La Biela desde 1966, era muy chico cuando empecé aquí. El trato no es sólo porque vengas de León, nosotros tratamos mucho con prensa internacional, la BBC, de Estados Unidos y también se hacen programas en directo desde aquí», relata el leonés Gutiérrez.

En La Biela de Buenos Aires ya había gastronomía en el 1820. Estaba sobre terrenos de la Virreyna del Río de la Plata, que se casó con Del Pino, una familia española. Le regaló «una ochava» para abrir una pulpería donde había caballerizas, cementerio y gran tránsito. De aquella, cuando se celebraba la Virgen del Pilar, en las carmeses, había reyertas de 25 ó 30 muertos. Eran otros tiempos, el río llegaba a 50 metros del actual establecimiento, ahora situado en uno de los barrios elegantes de Buenos Aires, Recoleta.

En 1880 se instaló un vasco llamado Michelena, del que dicen que armó la mejor pulpería que había en Buenos Aires. Y desde entonces, hasta la fecha, La Biela da de comer.

El leonés Carlos Gutiérrez entra en escena en 1966. Llegó solo desde España. Sus padres quedaron en León, junto a sus tres hermanas. Sus padres fallecieron, pero las hermanas de Carlos residen en la capital leonesa.

Carlos Gutiérrez tiene varios negocios, con diferentes sociedades. Ingresó en la sociedad de La Biela en 1966 y desde entonces sigue en la misma sociedad, que es Confitería y Restaurante La Biela SA.

Antes de enfilar sus pasos hacia Buenos Aires, Carlos tenía previsto irse para Suiza con un relojero, pero unos primos le invitaron a conocer Argentina. En noviembre de 1965 viajó a Buenos Aires y ahí empezó todo.

«Argentina no sé que tiene que atrapa a los emigrantes. No es lo mismo la emigración que fue a Europa que nosotros, los que vinimos a Argentina. La distancia te frena y te vas adaptando, porque es un país maravilloso, sin suerte en los últimos años con la política pero bueno, sigue siendo un país que acepta muy bien. España le debe mucho a Argentina. Aquí hubo tres millones de emigrantes españoles que no tenían nada», remarca.

Durante décadas, Carlos ha visto desfilar por La Biela a la flor y nata del mundo: «Ahora estoy de jefe, pero antes trabajaba en el salón y te puedo decir que atendí a mucha gente, a Rafael, a Julio Iglesias, a Serrat que comía en una mesa escuchando la radio jugando Boca y él se sentaba con el personal. Atendí a Felipe, el que hoy es rey de España. Lo atendí cuando era cadete con el Juan Sebastián el Cano. Atendí a sus padres, Juan Caros y a la reina Sofía y, bueno, a miles de personajes como Nicky Lauda, Emerson Fitipaldi, Reutemann... personajes de la política como Mitterrand, Sandro Pertini y otros que se me olvida, Alain Delon... Un montón de personajes que los atendía personalmente. A Carmen Sevilla, a Mina, la italiana, que me encandilaron sus ojos cuando tenía 17 años. A infinidad de personas».

Todos estos contactos, según confiesa Carlos Gutiérrez, te dan «un privilegio y también un compromiso». Y ello porque estima que el privilegio conlleva el compromiso de atender muy bien a todos.

«Yo, cuando no había tantos famosos, atendía también muy bien a la gente», remarca. Eso lo ve como una raíz leonesa. Tiene personal con 38 años trabajando en La Biela y les infunde el espíritu de atención al público. «Yo les digo en los cursos que damos que el que no tiene el corazón de atender a la gente, lo mejor es que se dedique a otra cosa, porque a veces viene gente ingrata, pero uno tiene que estar por encima de eso. Y así, los problemas de cada uno los dejan en la calle y eso nos ha dado resultados, con clientes de muchos años y varias generaciones».

En La Biela se respira paz. Sobra el móvil pero si lo quieres usar, no pasa nada. Lo cierto es que es un recinto para pasar las horas charlando, disfrutando de la quietud del momento. Es un lugar para disfrutar de las bondades del espíritu.

«Aquí hay gente que viene cuatro o cinco veces por día y se queda a lo mejor dos horas, charlando, tomando un café. Eso no ocurre en ninguna parte del mundo. No hay bares que sirvan así para charlar, conectarse, para hacer reuniones. Todo eso lo tiene La Biela. Y te doy un detalle, nosotros estamos hablando y no escuchamos al que está al lado. Eso es fundamental», explica.

¿Cómo se consigue eso? Pues, trabajando la acústica del techo.

«A pesar de ser un bar antiguo he hecho acústica porque tenemos mucha madera, las cortinas ayudan también y, además, yo le agregué techo acústico para que no rebote el sonido en el piso duro», detalla. También tienen las mesas separadas, en un local con capacidad para 350 personas.

La Biela tiene 519 metros cuadrados, 85 mesas dentro y otras 85 en la terraza. Trabajan 60 personas.

Carlos consigue productos de León, pero echa de menos poder contar con la cecina.

También se moja en lo político. Considera que la situación es complicada y espera que, «por el bien del país, siga el mismo Gobierno, que no volvamos a los tiempos pasados».

«Si vos tenés un peso menos puedes seguir viviendo, pero si no tienen libertad para hablar y expresarte es muy difícil ser feliz en un país», infiere.

Carlos suele viajar a León. El año pasado fue solo, sin su esposa y sus dos hijos, que tiene en Argentina. «Estuve veinte días en el pueblo sin salir de allí y fui a todas las romerías y a todo lo que había. Es un pueblo chiquito que tenía 31 o 32 vecinos y hoy en invierno hay un sólo vecino. Es Las Omañas, pertenece a Murias de Paredes, que hoy es todo de La Magdalena porque había guardia civil y otros servicios y los sacaron de Murias», cuenta.

Borges y Bioy escribieron libros en La Biela. Las fotos sobre la barra del bar están todas sacadas en este local, para un libro de Borges. Pero Bioy Casares tenía una mesa en La Biela, que era la mesa 20, que no se ocupaba, fuera o no cualquier día al establecimiento.

«Era un personaje nuestro y cuando sacó el libro del premio Cervantes habla de todo el personal que lo atendía en La Biela», concluye Gutiérrez.



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