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El prestigio del cine rural

El empresario salmantino Joaquín Fuentes apuesta desde hace 28 años por abrir y mantener cines en el medio rural, más que para «hacer negocio, para prestar un servicio». Son salas para ver séptimo arte «de toda la vida», de carácter familiar, y que cuentan con la peculiaridad de encontrarse en un municipio de la ‘España vacía’.

 

MIRIAM CHACÓN -

El prestigio del cine rural -

juan lópez
06/01/2019

Mi película favorita es Cinema Paradiso. No es que me vea reflejado, es que podría decir que somos nosotros». El empresario salmantino Joaquín Fuentes bien podría apodarse Toto, como el niño protagonista de la producción italiana, grabada íntegramente en Sicilia. «Yo nací en un cine de verano en Piedralaves, en Ávila, y desde ese momento mi vida es el cine», explica junto al patio de butacas del Teatro Calderón de la Barca, en Peñaranda de Bracamonte, un elegante y coqueto edificio del siglo XIX, joya de la localidad salmantina y que también podría ubicarse en la isla mediterránea.

En día, admite, difícilmente se pueden proyectar filmes como Cinema Paradiso, porque «el espectador no iría al cine, por eso se apuesta por estrenos». Fuentes lleva 28 años, los mismos que cuenta su hijo Alberto, al cargo de la empresa Proyecfilm, que ha convertido este recinto en una sala para ver séptimo arte «de toda la vida», de carácter familiar, y que cuenta con la peculiaridad de encontrarse en un municipio de la España rural, allí de donde otros huyen al entramado urbano, donde se localizan las grandes salas con las que compite en centros comerciales. Este hecho le ha dado una notabilidad que no se esperaba, pero realmente ha dedicado su vida a la gran pantalla, siempre en pueblos pequeños.

Joaquin Fuentes, el mayor empresario de cines rurales de España, en el cine de Peñaranda de Bracamonte, que regenta desde hace 30 años. MIRIAM CHACÓN.

Hoy el personaje principal no es un niño italiano, sino el Grinch, un bicho verde que se quiere cargar la Navidad. A la hora señalada aparece en pantalla. El olor a palomitas, su característico sonido crujiente, el refresco, aroma a gominolas y el regaliz de zara se incrustan en el salón de entrada del teatro, que da cabida a 168 asientos. El empresario y su hijo se afanan por abrir la sala de cine para los usuarios de la sesión del lunes por la tarde, principalmente niños que buscan la diversión en esta película de animación.

«Cuando vienen los peñarandinos que viven en Madrid a pasar un fin de semana asisten mucho al cine. ¿Cuándo pueden ellos ver una película casi a la puerta de su casa, a cinco euros y comprar un bote de palomitas por un euro?», se enorgullece para defender su modelo. ¿Dónde puede entrar la madre de un niño a darle las llaves porque se las ha dejado en casa, a dar un recado a un vecino que hoy fue al cine o simplemente venir, dejar a tu hijo, y no volver hasta que acaba la peli? Pues en una sala rural», ironiza entre risas, aunque también le ha tocado dar alguna noticia negativa.

O heredas o eres rico

Actualmente, gestiona cines en 16 localidades del territorio nacional y da empleo a casi una veintena de personas. Entre estas poblaciones se encuentran, además de la población salmantina, Almazán (Soria), Peñafiel (Valladolid) y Astorga, entre otros, pero también municipios de Andalucía y Castilla-La Mancha, donde han puesto el ojo de cara al futuro. «Un cine en un pueblo, a no ser que tengas mucho dinero, o lo tengas heredado, no es viable», sentencia Fuentes, quien asegura que él no cumple ninguna de las dos opciones. «Mi lema es: Muchos pocos hacen un mucho. Con un cine solo no podríamos vivir», admite, mientras es protagonista de un reportaje fotográfico entre las luces sombrías del teatro.

Josué, empleado de Joaquín Fuentes, en la sala de proyección del cine de Peñaranda de Bracamonte. MIRIAM CHACÓN.

Por ello, tras toda una vida dedicada a este sector, ahora gestiona salas en dos tipos de formato. Unas, como la de Peñaranda, mediante un convenio con el Ayuntamiento de la localidad, que se encarga de la mayor parte de los gastos. Otra, con propietarios privados, como el caso de la capital maragata. De ahí que este negocio tenga un aroma romántico hacia la prestación de un servicio, el del cine, casi como si se tratase de sanidad o educación, salvando las distancias. «Más que hacer negocio se presta un servicio», explica, justo en el momento que en Josué Zúñiga, la persona a tiempo parcial que allí trabaja, abre el «bar» y comienza la venta de productos para «pasar la película».

Pero no todo ha sido alfombra de terciopelo en este recorrido. Joaquín, hoy con 60 años, nació, como no, en un cine de verano, en Piedralaves (Ávila), donde su padre trabajaba de operador de proyector. A partir de ahí, toda una vida vinculada al cine, siempre rural, que arrancó en Guijuelo, en la sala San José: «La tuve que cerrar en 1998 porque yo invertía mucho dinero en llevar películas de estreno y, mientras, las estaban poniendo los bares en video».

Joaquín y Toto; Toto y Joaquín

Joaquín se ve reflejado en Toto, quien descubre su amor por las películas y pasa cada momento libre en el cine local. Ni Piedralaves es la ficticia localidad siciliana de Giancaldo, ni su padre trabajaba de operador, sino que era el dueño de los cines en la producción italiana. «Pero es nuestra historia. La de mi familia. Y por eso es mi película favorita», ensalza.

Pero con el paso de los años, Joaquín Fuentes tiene las «espaldas bien cubiertas» en este sector y puede seguir intentando abrir cines allí donde otros comercios cierran y los jóvenes emigran a las grandes ciudades. De hecho, cuando salen a concurso las salas en pequeñas localidades españolas, ellos instan a los ayuntamientos a realizar diferentes reformas para convertir la infraestructura en una auténtica sala y poder competir, como formato consolidado, contra las grandes cadenas de los centros comerciales. Así ocurrió, por ejemplo, en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), donde la sala «estaba obsoleta». «Con cuatro cambios que pedimos, unas luces y poco más, mira lo que conseguimos», presume Alberto mientras muestra unas fotografías en su móvil del antes y el después. Y así en casi todos los cines...

Pero el modelo de esta empresa también tiene sombras, según recuerda Fuentes. Sin embargo, son superadas con la ilusión y el buen gusto por el cine de la familia. Por ejemplo, Alberto sentencia que en alguna sesión de Almazán han entrado solo dos personas. «Imagina qué rentabilidad...». Y en Astorga se estropeó el proyector con la sala repleta y se vieron obligados a devolver la taquilla...

Foto: MIRIAM CHACÓN.



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