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La revolución de los velos en irán

En la República Islámica de Irán las mujeres tienen una vida complicada. Desde la vestimenta hasta la posición en la sociedad y en el propio hogar, todo se les hace más difícil. Un país de 80 millones de habitantes que forma parte del triángulo de oro de la cultura.

 

Tres mujeres ataviadas con velo negro sacan dinero de un cajero en Irán. -

DIEGO CABALLO
09/06/2019

Las señoras deberán utilizar la vestimenta más ‘light’ que se recomienda para las mujeres del país: pañuelo en la cabeza y blusón o bata hasta la rodilla. Se puede mostrar parte del pelo y ya se admite el maquillaje», anunciaban fuentes iraníes a los turistas antes de llegar al país. Y, a continuación, adjuntaban las fotografías para facilitar un mejor entendimiento de las instrucciones sobre el vestuario femenino.

Y esto era lo «light», porque también señalaban muy claramente que el «uniforme islámico correcto es una especie de guardapolvo o gabardina fina, de manga larga, que cubra hasta más abajo de las rodillas como mínimo, lo preferible sería hasta el tobillo. Debajo de esta prenda, pantalones o falda larga hasta los pies. El pañuelo tapando todo el pelo y anudado bajo la barbilla. Es mejor que la ropa sea oscura, gris o colores poco llamativos. El uniforme, incluido el pañuelo, hay que vestirlo siempre».

Pues, según indicaban, para los líderes religiosos de la República Islámica de Irán, enseñar el cabello, los tobillos y la piel del cuello por parte de las mujeres es una provocación.

El uso del chador, riguroso y negro, un velo que cubre prácticamente todo el cuerpo, es obligatorio para entrar en algunos lugares santos, como mezquitas y mausoleos.

Por lo general, se pueden alquilar a la entrada de estos centros. Si se dejan ver los tobillos y los pies las mujeres deben ponerse calcetines o unas medias gruesas. No deben llevar ropa llamativa, ni joyas, ni maquillaje muy pronunciado.

En realidad lo hasta ahora expuesto es lo considerado por la ortodoxia en el vestir, pero ya empiezan a sorprender las jóvenes tocadas con un pañuelo de colores anudado, que dejan ver una buena parte del cabello por delante y la melena por atrás; o maquillajes muy llamativos, trajes ceñidos y el guardapolvo por encima de la rodilla.

Esta situación de «relajo» en las normas se da fundamentalmente en las ciudades más grandes y avanzadas.

Pero en este país oriental, donde el islam chiíta representa el 91% y el sunita el 8%, y donde cristianos, judíos y discípulos de Zaratustra son tan minoritarios, los hombres lo tienen mucho mejor, y pueden vestir de la misma manera que lo harían en Europa o América, con unas pocas salvedades.

Se desaconseja encarecidamente llevar pantalones cortos y camisetas de manga corta a los turistas varones.

Para los turistas

Por lo general, los turistas no musulmanes pueden acceder al interior de las mezquitas sin necesidad de descalzarse, excepto cuando se camina sobre las alfombras. En tiempos del sha Reza Pahlevi (1941-1979) se modernizó la vestimenta en el país y se lograron importantes reformas culturales y sociales con relación a los derechos de la mujer, aunque ya se encargó de dejar bien claro en alguna entrevista que «mujeres y hombres pueden ser iguales ante la ley, pero no en capacidades».

En estos momentos en Irán, donde el 40 % de los trabajadores son funcionarios, pero reduciéndose cada vez más la presencia de la mujer en la Administración, llevar el chador es normal porque —dicen— «es el uniforme».

Del resto, unas lo llevan por convicción, como es el caso de algunas jóvenes o muy jóvenes que admiran y veneran a sus líderes espirituales, como demostró una chica que viajaba en el metro de Teherán y que iba dándole besos a la pantalla de su móvil… en la que aparecía la imagen de un líder religioso.

La mujer allí tiene dos vidas: una en su casa, en la que pueden hacer una vida casi normal (dependiendo del marido o familia que tenga) y otra afuera, en la sociedad, donde es evidente la separación de sexos. Ellas no pueden ser juezas ni clérigas y, algo tan trivial como ir al fútbol a un estadio, no les estaba permitido hasta hace muy poco tiempo, porque la religión prohíbe ver a hombres en pantalón corto.

A la hora del rezo, las mujeres deberán colocarse detrás de los hombres porque ella es «la tentación» y él es más «débil».

Los ojos de los hombres poseen unos «rayos» que les permiten ver a través de la ropa de la mujer, y por eso no se les puede «facilitar» aún más, vistiendo ropa transparente o ceñida. El caso de la detención de una joven por este motivo es un ejemplo de ello. Gracias a que al final salió bien parada, debido a que quien le tomaba declaración en la comisaría era una mujer que fue rellenando los papeles poniendo datos falsos de domicilio y teléfono, para que no pudieran localizarla. Para ser liberada tuvo que acudir su hermano, que se la llevó a casa cubriéndola con una manta negra, después de que ella firmara un documento prometiendo no hacerlo nunca más.

Las mujeres sufren segregación y están a merced de los maridos, que marcarán las normas, algunas rígidas e inquisitoriales heredadas del pasado remoto.

Hasta las puertas del año 2000 la pena por no llevar velo era de 70 latigazos, ahora solo reciben una amonestación por parte de los guardianes o de la denominada policía de la moral.

Por ley, el jefe de familia es el hombre y, también por ley, la mujer vale la mitad que el hombre. A la hora de la herencia el niño recibirá el doble que la niña. El hombre puede cercenar la proyección profesional de la mujer y son ellos los que deberán dar permiso o denegarlo para que puedan viajar, trabajar, estudiar o, incluso, hacer trámites burocráticos.

Ellas sufren, además, discriminación en el salario, y todo con un mismo objetivo: que se queden en casa cuidando de los hijos y del marido.

Tras la revolución islámica de 1979 y la llegada del ayatolá Jomeini, todo empeoró para ellas de forma importante. El derecho de divorcio lo tienen muy complicado. Pero si, quien solicita el divorcio es él, a la mujer le dejan pocos o ningún derecho, por lo que lo más aconsejable en la mayoría de las ocasiones es que «salgan en silencio».

También sigue existiendo el derecho del marido de pegar a sus mujeres, si no le obedecen. Se admite el «matrimonio temporal», que permite al hombre tener «esposas temporales» pero, como el valor de la virginidad sigue siendo muy alto, esa temporalidad la sufren, fundamentalmente, las mujeres más pobres. Claro que hecha la ley, hecha la trampa. Jóvenes de ambos sexos con pocos recursos económicos recurren a esta fórmula para compartir su vida, hacer viajes y ocio, en general sin problemas con los guardianes de la moralidad. Pero no hay que olvidar que lo peor de todo está dentro de la casa: si la familia es liberal, todo va bien; si son religiosos o muy religiosos la mujer lo tendrá muy difícil

En las grandes ciudades la cosa cambia. La juventud empieza a saltarse las normas rígidas de la vestimenta y del maquillaje, como una manera de hacer su «revolución» contra los guardianes de la moral.

Un país que tiene más de 80 millones de habitantes, de los cuales tres millones son estudiantes universitarios y, de ellos, el mayor porcentaje es de mujeres aunque, curiosamente, con restricción de carreras. La intención siempre es de más hogar y menos actividad social.

«El problema de la mujer iraní —indica una guía turística— no es velo sí o velo no. Lo que de verdad nos importa es tener la libertad de llevarlo o no llevarlo. En Irán no se pueden hacer muchas cosas y se hacen todas. No existen muchas cosas, pero existen todas, como la prostitución, el aborto, etcétera».

Frente a esto se está produciendo un cierto movimiento de liberación, sobre todo en las grandes ciudades, como Teherán, donde, según refiere la guía, desde hace ya algún tiempo, cada miércoles, son muchas las mujeres que visten un velo blanco como señal de reivindicación de sus derechos de igualdad, en lugar del reglamentario negro.





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