+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

Sobrevivir en venezuela

Conseguir una tarjeta bancaria es una utopía en un país donde la escasez ha llegado también al plástico con que se fabrican. El precio del dólar, la hiperinflación y sus ramificaciones hacen que los venezolanos salgan de casa con una cantidad incierta que ni siquiera te permite conocer si podrás pagar el autobús para volver.

 

Miguel Gutiérrez -

agencias
03/02/2019

Casi como aprender a manejarse de cero cada mañana, así es sobrevivir en una Venezuela en plena crisis; un país en que lo cotidiano cambia con cada amanecer y donde se debe aprender a lidiar con el mundo que nos rodea.

La primera barrera que hay que superar para aprender a manejarse es saber cómo pagar cuando el papel moneda ha desaparecido después de siglos. No se debe a los avances tecnológicos. Es mucho más simple: la hiperinflación que varía del 3 al 5% diario ha convertido los billetes en papel mojado

Por si fuera poco, conseguir una tarjeta bancaria es una utopía en un país donde la escasez ha llegado también al plástico con que se fabrican.

De todas formas, poco te garantiza tener una pues el precio del dólar, la hiperinflación y sus ramificaciones hacen que salgas de casa con una cantidad incierta que ni siquiera te permite conocer si podrás pagar el autobús para regresar.

«Cada hora es más caro, (lo que) por la mañana vale 150, en la tarde son 200 y en la noche 250», comentó a Efe Elías Pineda, de apenas 17 años.

Incluso él, recién superada la pubertad, comparte la sensación de sus compatriotas de gestionar cada día una nueva forma de enfrentase a lo cotidiano.

Los billetes quedan reducidos a ornamento o un recuerdo de otro tiempo; sirven para ser usado como confeti a la puerta de un bar en un viernes cualquiera.

Venezuela quedó paralizada y visitarla es también como volver atrás en el tiempo. Mobiliario, edificios y todo lo que puebla las calles (excepto los vehículos) dejaron de renovarse y quedaron estancados en los 90.

Es una mezcla de sensación onírica y apocalíptica en la que las infraestructuras se mantienen con cierta dignidad.

Mensajes de texto

Por si fuera poco, la revolución tecnológica pasó de puntillas y la era dorada de los mensajes de texto sigue en vigor, para muchos venezolanos los servicios de mensajería que impliquen internet móvil son deficientes o los teléfonos son impagables.

Mencionar una plataforma como Spotify sólo obtiene como respuesta una mirada de interrogación, la mayoría de venezolanos apenas tiene una noción de qué es.

Y claro, para el extranjero es necesario un Virgilio que le guíe por un país que en ocasiones, como en la Divina Comedia, te lleve por infierno y purgatorio. «Lo único que se puede hacer es ver la televisión y lo único que se ve es la política porque no se ve nada más, no muestran nada nuevo», sostuvo Kendra Mendoza.

Buena parte de la culpa la tiene la escasez total o parcial de un internet que hace excesiva la expresión «a pedales» y alrededor del cual se concentra buena parte del ocio en el siglo XXI.

Para acceder a Youtube debes poner «a cargar el vídeo, irte a fregar, lavar, planchar, cocinar y después venir y escuchar un tema», comentó Kendra. Las plataformas para ver series o películas en ‘streaming’ las conoce y poco más.

Mencionarle a ella o a su amigo Elías la posibilidad de salir a encontrarse alrededor de un café o una cerveza solo tiene como respuesta una sonrisa irónica. Acudir a una discoteca, todavía peor.

El ocio no ha desaparecido pues, como en medio mundo, los fines de semana todavía duran dos días. Sin embargo, excepto unos pocos privilegiados que exhiben vehículos de lujo y derrochan a manos llenas, el tiempo de esparcimiento queda relegado poco menos que al recuerdo de tiempos mejores.

Mirar escaparates

Sucede, por ejemplo, en los centros comerciales, ese gran imán del ocio latinoamericano, en los que puede verse a padres e hijos, amigos o conocidos simplemente paseando, mirando escaparates.

Entran y salen con las manos vacías y si un niño señala alguna cosa solo obtiene una mirada medrosa como premio.

Afortunadamente, el dedo no apunta en dirección a un restaurante, ya que estos han eliminado los precios de sus menús, ya que no pueden garantizar que se mantengan de una hora para otra.

Recurren a subterfugios como el de anotar los precios en una hoja paralela que cambian a diario.

Peor lo tienen las grandes cadenas que, sin saber si pueden garantizar el servicio de un día para otro o si podrán ofrecer toda su carta, tienen sólo el logotipo en sus páginas web.

Cae la noche sobre una Caracas en la que las pintadas contra el presidente Nicolás Maduro son apenas paisaje y desaparece el tono onírico para volver el tono apocalíptico.

La ciudad se vacía de un momento para otro y apenas poner el pie en la calle es una temeridad.

Mañana, y no importa cuando lea esto, será otro día. Otra vez la obligación de volver a aprender a sobrevivir.

ACOSO FAMILIAR

Por su parte, el autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, denunció esta semana que agentes de las temidas Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) se habían acercado a su casa, en un signo de la creciente presión sobre el líder opositor que intenta reemplazar al presidente Nicolás Maduro. Según dijo, la Policía preguntó por su mujer, Fabiana Rosales, que estaba en aquel momento junto a él en el acto público de presentación del Plan País. En el domicilio se encontraba su hija de veinte meses, con la madre de Guaidó. «Les hago responsables de cualquier cosa que le puedan hacer a mi bebé», avisó Guaidó al finalizar su intervención en la Universidad Central de Venezuela en Caracas. El líder de la Asamblea Nacional, de 35 años, abandonó entonces el edificio junto a su esposa y pidió a diplomáticos presentes en la conferencia que les acompañaran.

Guaidó apareció poco después a la puerta de su vivienda con su hija Miranda en brazos y declaró a los numerosos medios que le esperaban allí que «no van a intimidar a esta familia».

Los vecinos aseguraron que hombres que se identificaron como miembros de las Fuerzas de Acciones Especiales habían llegado a la entrada del edificio de apartamentos en un SUV blanco. Cuando los periodistas llegaron a la casa de Guaidó no había ya presencia policial.

El líder político ya había sido detenido el pasado 13 de enero por funcionarios del servicio de Inteligencia cuando acudía a una reunión con simpatizantes en el Estado de Vargas, cerca de Caracas. Fue liberado después de media hora. Antes del incidente del jueves, los abogados de Guaidó en Washington habían alertado sobre «la inminencia de su detención» y habían solicitado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que se ampliaran las medidas cautelares para su representado.

El Tribunal Supremo de Venezuela decretó a principios de esta semana la prohibición de que Guaidó saliera del país, además de medidas para bloquear sus cuentas bancarias e impedir que pueda enajenar sus bienes.

Noticias relacionadas



Buscar tiempo en otra localidad