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CANTO RODADO

Tiempo violeta

Mañana cerramos la puerta del 2018, un año en el que León toca fondo y en el que las mujeres se han alzado con la intención de acariciar el cielo después de tanto en la sombra. El tiempo violeta da la hora.

 

Tiempo violeta -

Ana Gaitero
30/12/2018

Con las cenizas de las térmicas sobre el cielo de León dibujando la despedida de un siglo de carbón y el temblor de la tierra en Truchas se despide el 2018 en León. La provincia ha tocado fondo en el año en que las mujeres han tratado de acariciar el cielo.

Hace un siglo se estrenaba el ferrocarril Ponferrada-Villablino para sacar el carbón de la arisca y lejana Laciana. Cien años después las campanas de los pueblos suenan sobre un inmenso vacío. A pocas horas de que el reloj de la Puerta del Sol, construido por un paisano de Iruela, el relojero Losada, abra oficialmente las puertas al 2019 el panorama se presenta incierto.

El año que acaba se me antoja como una noche invernal interminable en la que de vez en cuando asoman unos resplandores violetas como de amanecer. Por cada alegría que nos han dado los avances en las luchas de las mujeres, hemos tenido que tragar la amarga hiel de la violencia que no cesa.

Por cada proyecto esperanzador y conmovedor que brota en la provincia para afrontar el nuevo tiempo, el tajazo industrial se agrandaba con la pérdida de puestos de trabajo que han sido seguros y de una cierta calidad durante décadas. Trabajar en Endesa o en las centrales de Anllares y La Robla era un privilegio en los años 80.

El 2018 se nos escurre entre los dedos con la sensación de que todo está perdido y todo está a nuestro alcance. Se desmorona un viejo mundo y hay quien intenta construir el nuevo tiempo con otros mimbres. Hay que abrirles el paso.

Hay que imitar a todas esas gentes que desde el mundo rural se arraigan en la tierra y en unos hábitos que se alejan de la prisa, de la voracidad insaciable, del mundo industrial que durante este siglo marcó el tiempo. Y prenden vida con pequeñas iniciativas que aprovechan conocimientos milenarios y de tecnología de última generación.

La lentitud de los bueyes, el primer libro de Julio Llamazares, un poemario que va a cumplir ya 40 años, relata en uno de sus fragmentos el desmoronamiento de una antigua civilización: «Yo vengo de una raza de pastores que perdió su libertad cuando perdió sus ganados y sus pastos...»

León tiene que volver a mirar a esos pastos y a esos ganados perdidos en el olvido. Más allá del turismo, que también, hay vida y toda una cultura de la que sacar enseñanzas para tejer el nuevo tiempo.

De la celeridad del maquinismo a la cocción lenta de un pollo de corral. Del empacho informativo al deleite de un sencillo cuento en una noche de filandón. El desafío de la lentitud cuando ya los bueyes sólo son vistos como un manjar al alcance de bolsillos bien llenos.

Al 2019 le pido que todas esas ideas y proyectos que están prendiendo en los pueblos y en los pequeños laboratorios urbanos sean esa luz al final del túnel que tanto necesitamos ver. Y que el leve temblor de Truchas haga que los tejados de pizarra suenen como un suave claqué y miremos hacia la belleza que se sumerge cada vez más en el silencio. Que no permitamos que las telarañas del tiempo nos ahoguen y empañen nuestra mirada.

Y también le pido que tú, hombre, y tú, y tú, y también tú, todos juntos, los hombres de la nueva masculinidad, os alcéis en masa contra los bárbaros y criminales. Que no deis tregua al machismo de cada día, cada minuto, cada segundo. ¿A qué esperáis para uniros y salir a rechazar, en masculino y en manada, los crímenes machistas, y también los insultos, las vejaciones y esas desigualdades que nos apartan de las calles, de las tomas de decisión y nos confinan a lugares ‘seguros’ y a los cuidados?

   
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