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Valdehuesa se hace mayor

El Museo de la Fauna Salvaje cumple quince años mostrando animales de los cinco continentes y convertido en un referente turístico para la provincia. «No ha sido fácil, pero volvería a hacerlo», reconoce su fundador, el doctor Eduardo Romero.

 

dl | ical -

Arriba, el doctor Eduardo Romero posa en un rincón del Museo de la Fauna Salvaje. Sobre estas líneas, algunos de los animales que se pueden ver en las instalaciones de Valdehuesa. -

A. GIL
19/05/2019

Lo volvería a hacer, pese a todos los dolores de cabeza que me ha dado y que me sigue dando». Es el balance que hace el doctor Eduardo Romero, fundador del Museo de la Fauna Salvaje, que acaba de cumplir quince años desde que abrió sus puertas en Valdehuesa. Por él pasan cada año entre 30.000 y 40.000 personas llegadas de distintos puntos de España y de varios rincones del planeta y en este tiempo se ha convertido en un referente turístico para la provincia.

Lo que era algo que le rondaba la cabeza a este apasionado de la caza y de la naturaleza desde hacía tiempo empezó a convertirse en realidad hace ahora casi dos décadas, cuando el alcalde de Valdepiélago y diputado de Turismo, Julio González, contactó con Romero para ofrecerle poner en marcha un espacio donde exponer todas las piezas él mismo había ido cazando de manera legal a lo largo y ancho del mundo. «En aquel entonces yo tenía otras ofertas —recuerda Romero—, pero me decanté por León porque llevo 40 años pasando mucho tiempo allí», explica. Él es natural de Santibáñez de Vidriales, un pueblo de Zamora que se encuentra a pocos kilómetros de La Bañeza y su mujer, de Valdecastillo, cerca de Boñar. Viven en Madrid pero ambos han estado siempre muy vinculados a León. Y lo siguen estando.

«Escogimos un sitio en Valdehuesa, una lengua de tierra que se metía en el pantano. Unos terrenos cedidos por el Ayuntamiento de Boñar y la CHD y cuyo edificio se encargó de adecuar la Diputación de León», relata. Cuatro años tardaron las obras de unas instalaciones de casi tres mil metros cuadrados cuyas paredes muestran cerca de otros 8.0000 de pinturas artísticas. Sus más de 20.000 especies lo convierten en «el mejor museo del mundo» en este sentido.

En el Museo de la Fauna Salvaje de Valdehuesa están todos los animales del mundo. Todos ellos están naturalizados y en la limpieza de sus huesos no se ha empleado químicos con el fin de que conserven su ADN para posibles investigaciones científicas.

Deudas y reconocimiento

Además de las veinte salas que albergan a los animales, el museo cuenta con sala de audiovisuales, biblioteca, sala de anatomía, restaurante o un parque natural que alberga varias especies que viven en semilibertad. Unas instalaciones que han recibido varios reconocimientos. «Las administraciones nos han ayudado lo justo y hemos tenido que endeudarnos para conseguir mantenerlo», explica Romero, que además de ser el impulsor del centro, preside la fundación que lleva su nombre y que gestiona el museo. Según él, faltan apoyos. «Si se promocionase más, habría más visitas».

A sus 74 años, Eduardo Romero ha recorrido los cinco continentes cazando. Muchas de las piezas del museo proceden de aquellos viajes. Ahora, se escapa al menos una vez al año para disfrutar de su pasatiempo favorito, aunque «en los últimos años, cazo pensando sobre todo en el museo», afirma. Además de la caza legal, las piezas del museo llegan también de colaboraciones o donaciones con otras instituciones como zoológicos o parques naturales. El año pasado, llegaron hasta aquí una treintena de especies nuevas que aumentan el ya de por sí amplio patrimonio de este lugar. Aquí se pueden ver ejemplares que no se pueden avistar de otra forma, como los que viven a seis mil metros de altura en el Himalaya.

Hace tres años acometieron una nueva aventura: colaborar en la recuperación del bisonte europeo para los montes del cantábrico. En sus alrededores nació en mayo de 2016 el primer animal de este especie. Todo un hito. «Estamos orgullosos de la decena de ejemplares que tenemos. Dicen que estos terrenos son los ideales para su desarrollo y nuestra intención es recuperarlo como animal de esta tierra», argumenta el doctor Romero.

En total, son 25 hectáreas con bisontes, lobos, corzos, rebecos, ciervos, jabalíes, muflones o gamos en cautividad, en el exterior del museo, en la zona conocida como Parque Zoológico, que cuenta con siete kilómetros de recorrido visitables.

Aquí ha nacido el primer bisonte europeo en miles de años, pero lo que no nacen son niños. La despoblación de la que tanto se habla en los últimos años asola al medio rural y, en especial, a las zonas más alejadas de los núcleos rurales como es esta parte de la montaña oriental leonesa. Esta realidad también afecta a los negocios de la zona y, por extensión, al Museo de la Fauna Salvaje. Tampoco la crisis ha pasado de largo por aquí. Según su fundador, el mal momento económico ha mermado de forma considerable el número de visitas en los últimos años. Ahora en el museo trabajan ocho personas, pero ha llegado a haber una veintena.

A pesar de este contratiempo, el Museo de la Fauna Salvaje se mantiene y su impulsor asegura que «el que viene una vez, repite».





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