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YURI USACHOV Cosmonauta

«El contacto con vida inteligente en el espacio es cuestión de tiempo»

 

Yuri Usachov, en una de sus misiones espaciales. WIKIPEDIA.ORG -

Doménico Chiappe | madrid
25/04/2019

Para volar al espacio exterior sólo hay que «tener muchas ganas y, si sientes miedo, mejor quédate en casa», asegura Yuri Usachov, cosmonauta que suma más de 550 días en órbita, repartidos en siete vuelos. En dos de ellos se mantuvo casi 200 en la Estación Espacial Internacional. En su segundo vuelo hizo seis caminatas por el universo y en el último comandó una misión de 167 días en la que viajaban dos astronautas norteamericanos.

«Ponerte en órbita cuesta nueve minutos», recuerda Usachov, que viste traje y en su corbata está dibujado un cosmonauta fuera de la nave. «Los días anteriores al lanzamiento el equipo se empeña en que recuerdes las instrucciones, y cuando te sientas en los mandos agradeces que ya puedas tomar tú mismo las decisiones. La primera vez que hice un vuelo espacial tenía las referencias de quienes me precedieron, pero ni siquiera los vídeos o las fotografías te preparan para ver la Tierra. Cuando la observé quedé cautivado. Desde allí daba una vuelta al planeta cada hora y media, a ocho kilómetros por segundo, y me asombró su belleza».

Al regreso de sus largas y pioneras travesías, Usachov sentía las consecuencias que la ingravidez dejaba en su organismo —y que una investigación científica con los gemelos de la Nasa comprobó a nivel genético—. «En el espacio, el cerebro te dice que, si no necesitas caminar, para qué vas a andar», reconoce Usachov, que ayer dio una conferencia en el Planetario de Madrid, con la colaboración de la Obra Social La Caixa y el Centro Ruso.

«Estamos obligados a hacer ejercicio dos veces al día, en la cinta y en la bicicleta estática, los primeros pasos en la Tierra cuestan mucho. Te cansas más, te apetece muchísimo tumbarte. Pero podemos acostumbrarnos a estar esos 500 días fuera de la atmósfera. Lo más difícil allí es el aislamiento y lo más importante es la cercanía que se establece entre los tripulantes».

Para Usachov la gran lección de viajar al espacio es el descubrimiento de la humanidad. Esa maravilla. «Después de mi primer vuelo, iba en el metro de Moscú, rodeado de desconocidos, que antes me pasaban inadvertidos. Pero esa vez los miré y tomé consciencia de que existían y que sentía amor por ellas. El mundo es tal como somos nosotros», rememora Usachov, autor de dos libros. Uno, Tres vidas en el espacio, es un diario que llevó a bordo en cada uno de sus vuelos. En el otro, Un día en el cosmos, cuenta a los niños cómo es una misión de 24 horas. Usachov cree que los retos próximos son conquistar la Luna y Marte y luego desarrollar otra tecnología para ir más lejos. «Pero antes hay que responder para qué queremos viajar». ¿Algún día contactaremos con vida inteligente? «Por supuesto que sí, es cuestión de tiempo», responde. «Y también conocer cuál es el lugar del hombre en el cosmos».

   
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