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Leoneses que corren con los intocables

Una carrera de mucho fondo.. Una docena de leoneses participaron en la carrera solidaria a favor de la fundación Vicente Ferrer en Anantapur. Un kilómetro, una vida..

 

Una representación de los tres equipos leoneses que participaron en la carrera este año. - RAMIRO

La viuda de Ferrer con el regalo leonés: un gallo de San Isidoro. DL -

ANA GAITERO | LEÓN
20/02/2018

Los dalit son la casta más baja de la India. Los intocables. Parias o panchamas. Gente que tiene muchos nombres y carece de todo. En Anantapur, al sureste de la India, la fundación Vicente Ferrer transforma en humanidad la realidad de miles de personas condenadas a la miseria material y moral.

Su sistema de apadrinamiento de niños y niñas, a base de donaciones, es la herramienta para cambiar la realidad de mujeres, niños y niñas, jóvenes y personas enfermas cuya sola presencia, como pasa con los infectados por VIH, provoca la huida de otros pacientes en los hospitales.

Tres de los doce equipos mque este año participaron en la carrera Un kilómetro, una vida, en Anantapur, eran leoneses. Corazón corredor, Digestivo León y Pampajuelo son la divisa de 12 personas más los acompañantes que se lanzaron a la experiencia solidaria de la mano de Ángeles Rodríguez, la pionera y quien ha insuflado en León el entusiasmo por la Fundación Vicente Ferrer tras conocer su labor en primera persona.

Fue Juan Manuel Viera, un amigo de Canarias, quien empezó con la carrera en 2016. «Corrió los 175 kilómetros él solo y consiguió apadrinar a otros tantos niños y niñas», explica. Al año siguiente abrió la carrera a más participantes y Ángeles Rodríguez, con los componentes del equipo Corazón Corredor, que integran también Gonzalo, Ángel y Marta, se sumaron. Los nueve equipos, con 36 corredores, alcanzaron la cifra de 380 apadrinamientos y dinero para un proyecto de ortopedia. Como novedad, se sumaron también algunos equipos de corredores hindúes.

La carrera de 2018 se celebró a finales de enero, con 12 equipos españoles y tres indios, uno de ellos de mujeres. «Todo un éxito si se tiene en cuenta que algunas corrieron incluso en pantalón corto, rompiendo todas las costumbres y tabúes», explica Rodríguez.

Con la carrera «se está potenciando el deporte, el atletismo sobre todo, y se están creando muchas ilusiones», añade. La incorporación de dos personas con discapacidad entre los equipos españoles también animó a incorporar a personas locales que allí son rechazadas.

El objetivo era conseguir financiación para reconstruir una aldea, con una inversión de de 120.000 euros, aparte de los apadrinamientos que se hayan conseguido.

La transparencia y la eficacia de la labor de la fundación en la India son dos de las cosas que más han llamado la atención a la expedición leonesa. «Donas una cantidad al mes y parte del dinero va al niño o niña y la otra para la continuidad de los proyectos, por eso la carrera se llama Un kilómetro, una vida», aclara Rodríguez.

En sus viajes a la India ha conocido a la familia y aparte de ver crecer y avanzar a los niños, «hay un intercambio cultural». Su apuesta por este proyecto no sólo es económica, sino sobre todo de concienciación. «Al principio, cuando lo contaba sonaba raro y ahora la gente se va animando», añade.

‘León corre con Anantapur’ es el lema de la camiseta del equipo leonés Corazón Corredor. Ángel Montiel subraya que «comprobamos de primera mano el funcionamiento de la fundación y, sobre todo, cuántas cosas se hacen con tan poco dinero». La Fundación Vicente Ferrer llega a 3.500 pueblos cuyos habitantes «eran reticentes a la educación y a reconocer los derechos de las mujeres», explica. Ahora son los pueblos los que solicitan participar en el proyecto «porque han visto los beneficios», sostiene.

El respeto por todo el mundo y la tranquilidad en la forma de vida es otro aliciente que se trajeron de su experiencia en Anantapur. Con su pareja han apadrinado dos niños.

Gonzalo Santos estaba acostumbrado a correr maratones y ultramaratones en Madrid, Berlín, Nueva York y Londres. Correr en Anantapur, asegura, «es totalmente distinto a cualquier otra carrera». Los gestos humanos de personas que no tienen apenas nada es lo que más le ha marcado. «Nos sacaron hasta sus camas para que descansáramos», relata. Las mujeres y los niños, sobre todo, se echan a las calles con un entusiasmo que desborda la emoción de cualquier occidental.

De la carrera trae el recuerdo especial del relevo que realizó a las seis de la madrugada subido a un tractor para cruzar un río y una buena impresión de los corredores locales: «Aguantaron mejor que el año pasado. Se nota que estaban mejor preparados», apunta.

La convivencia en la fundación y el ver in situ el destino del dinero son una garantía de ayuda real. «Suena lejano pero que tengan confianza en el buen fin», añade para quien quiera sumarse a los apadrinamientos.

María Ángeles García, de Horcadas, empezó a correr hace un año y se lanzó a la carrera de Anantapur por primera vez animada por el entorno. «Entrené duro y corrí con un grupo que íbamos más suave», señala.

Casi toda la carrera se realiza de noche y el último relevo se realiza a las 11.30 de la mañana, con temperaturas que ya superan los 38 grados centígrados. «Fue emocionante. La llegada es en el lugar donde está enterrado Vicente Ferrer», relata. Ha colaborado con otras oengés pero la huella que trae de la India es imborrable y quiere repetir. «Ha sido el viaje de mi vida. Un sueño. Ver el trabajo hecho y los proyectos impacta mucho».

Ángeles tiene apadrinado un niño de seis años que se levantó a las cuatro de la madrugada y llegó a las doce para poder ver a su madrina leonesa después de recorrer kilómetros en diferentes medios de transporte. Un viaje con una épica que no alcanzan las 28 horas rodando por el aire y los aeropuertos del regreso de la expedición leonesa.