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ALZHÉIMER

La sala en la que el himno a León tiene más sentidos

El Centro Alzhéimer de León trabaja la memoria de sus usuarios en dos salas Snoezelen y SHX, para la estimulación sensorial y cognitiva, en la que participan un centenar de personas. Luz, color, sonido, olor, gusto, tacto y nuevas tecnologías potencian las sensaciones y recuerdos. .

 

Jesús F. Salvadores -

Jesús F. Salvadores -

carmen Tapia | león
16/04/2019

Gabriela Presa no recuerda con exactitud la edad que tiene. Y por lo que parece le importa poco. Hay detalles de su vida que se han borrado de su memoria, pero otros están grabados a fuego, como que fue panadera, una mujer empresaria que sacó adelante el negocio familiar. «Trabajé mucho para sacar a mis hijos adelante. Tenía la panadería en la calle La Rúa y repartía el pan por la calle en el triciclo. ‘La panaderaaaa’ gritaba con un silbido para que supieran que había llegado». Hoy es su primer día de rehabilitación cognitiva en la sala Snoezelen del Centro Alzhéimer de León. Las terapeutas ocupacionales Miriam Hernando y Deborah García le dan un micrófono y la colocan delante de una pizarra electrónica blanca que emite colores diferentes según sea su tono de su voz. Le animan a cantar una canción. Duda unos instantes. De pronto, su voz vigorosa inicia los primeros compases: «Sin León no hubiera España, que antes que Castilla leyes....». Junto a ella están Gerardo Garzón y Honorina Suárez, otros dos usuarios del centro que hoy inician la terapia. De pie, el trío coordina los compases y terminan el himno. No se saltan ni una estrofa ni un compás. Es la memoria más arraigada que se resiste al alzhéimer». «Es habitual», explica Miriam Hernando. «Todo lo que tiene que ver con sus mejores recuerdos de infancia es lo que más tardan en olvidar».

En la sala Snoezelen del centro, usuarios y terapeutas trabajan las capacidades cognitivas, los trastornos conductuales, las relaciones sociales y las emociones y sensaciones. «Utilizamos la sala como un espacio terapéutico con el objetivo de adaptar el ambiente a las características de cada usuario, que interacciona con los materiales de estimulación sensitiva», dicen las terapeutas. La sala es un espacio de colores en movimiento en la que caben un tubo de burbujas, fibra óptica, bola de espejos, rueda de efectos, tormenta de colores, luz ultravioleta, un panel auditivo Paletto, cama de agua y silla Q, con vibraciones. Todo está controlado por una tablet que manejan las terapeutas diseñado por el Grupo de Investigación de Inteligencia Computacional Aplicada (GICAP) de la Universidad de Burgos, que coordina Álvaro Herrero Cosío. Una solución tecnológica (Proyecto de Investigación) a través de la Fgubu General de la Universidad de Burgos y la asociación para el desarrollo de la plataforma de gestión que integra los distintos elementos del la sala para poder realizar programas de intervención individual de las personas usuarias y el seguimiento de las mismas.

Gerardo Garzón, de 83 años, sujeta una caja de control con diferentes pulsadores. Cada vez que pulsa el botón cambia de color el agua en la que flotan varias bolas. «¿Qué color acaba de pasar?», le pregunta Miriam. «El rojo», contesta. El susurro del agua y los colores producen en las personas con alzhéimer un efecto relajante. «Trabajamos la memora a través de la identificación de colores, asociaciones, atención y coordinación. Gerardo recuerda que dirigió un grupo de trabajadores de la construcción. «Padecí mucho. Fue trabajo muy estresante porque tenía que estar pendiente de que todos trabajaran y lo hicieran bien».

Sobre la cama de agua está sentada Honorina Suárez, que tiene 76 años. Se concentra en separar los haces de luz de fibra óptica, que hacen las funciones de estimulación táctil como visual para que las personas con alzhéimer no pierdan la destreza manual y la atención. A Honorina le gustaba la costura. «Le cosía a mis hermanas, pero nunca trabajé fuera de casa». Esta asturiana afincada en León se casó con un francés. «Lo conocí en un baile en León y nos enamoramos enseguida. Viví en París. Se murió joven», dice, aunque no recuerda la edad exacta. Y pronuncia algunas frases en francés.

«Snoezelen se basa en la idea de que el mundo en el que vivimos está repleto de sensaciones producidas por la luz, el sonido, el olor, de gusto y el tacto, a lo que tenemos acceso a través de nuestros órganos sensoriales», explica Miriam Hernando. El entorno Snoezelen tiene como uno de sus objetivos potenciar todas las entradas sensoriales.

La palabra Snoezelen proviene de la contracción de dos palabras holandesas que significan impregnarse y soñar. Estas salas aparecieron en los años 70 en los países bajos en manos de AD Verheul y Jan Hulsegger, educadores de un instituto de Holanda con alumnos de educación espacial.

   
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