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UNA ASOCIACIÓN PARA UN ARTE

Vuelve la fotografía analógica

«Nací en una cámara oscura», asegura Ana María Diez Martínez, la presidenta de la recién creada Asociación Nacional de Fotografía Analógica Nicéphore Niépce de León

 

Ana María Díez Martínez con uno de los retratos, originalmente en blanco y negro, iluminados por su madre. - JESÚS F. SALVADORES

ANA GAITERO | LEÓN
27/01/2019

Ana María Díez Martínez nació en aquel cuarto por el que se colaba un hilo de luz como el que entra por el orificio de la cámara oscura y creció entre carretes y tanques de hiposulfito. Tuvo su primera cámara con cinco o seis años y ahora intenta que la fotografía analógica, la fotografía de toda la vida, se conozca y se valore como «la fotografía de verdad».

La hija de Antonio Díez Carracedo, foto Antonio, es la presidenta de la Asociación Nacional de Fotografía Analógica Nicéphore Niépce que acaba de nacer en León. Nació y creció en el número 9 de la calle La Rúa, donde su padre tuvo estudio hasta hace un cuarto de siglo. Por eso su padre siempre dice que «nació en un barril de hiposulfito», el ácido que se usaba para el revelado.

Entre las cuatro paredes del laboratorio y la sala donde hacía su padre los retratos transcurrió la infancia de Ana María. Muchas veces vio a su madre ‘iluminar’ fotografías en blanco y negro para ponerles color. Era el photshop de la época, pues, en contra de lo que se cree a menudo, todas las técnicas que ahora se han popularizado con la fotografía digital ya se realizaban de forma artesanal y artística con la fotografía analógica. También los montajes fotográficos en los que se reunían en uno los retratos de un matrimonio o de otras personas cuyos rostros se colgaban en el dormitorio o la salita de casa.

Desde la asociación recién creada en León se quiere impulsar «el resurgimiento» de la fotografía analógica que en países como China o Japón, nunca se ha abandonado pese al boom de la era digital. «La fotografía digital es capturar imágenes, la fotografía analógica es hacer fotografía», recalca Ana María Díez.

La vieja cámara de Antonio Díez Carracedo, Foto Antonio, con la imagen invertida del propio fotógrafo. JESÚS F. SALVADORES

La idea de que las cámaras digitales e incluso los teléfonos han puesto la fotografía al alcance de todo el mundo no convence a esta devota de la fotografía de toda la vida. «La digital es muy limitada, salvo que sea un fotógrafo profesional y tenga una buena cámara. Las básicas son inútiles para hacer fotografías, falsean los colores y las que no lo hacen cuestan muchísimo dinero. Así que eso de que sale más barato es engañoso», sostiene.

Otra limitación que señala en el mundo digital es la sustitución del visor por la pantalla y el retardo que se produce entre el disparo y la realización efectiva de la foto. «Se pierde la instantaneidad», subraya. «Algunas son lentísimas y la pantalla es un espejo.

Hacer virajes en sepia o ampliaciones son otras de las limitaciones que ve en el sistema digital. «Un negativo pequeño te permite hacer una ampliación enorme, pero con cinco megapixels una foto ampliada se te pixela», agrega.

Quieren rescatar la fotografía de mero «objeto de consumo de usar y tirar» y recuperar la actividad artesanal que supone todo el proceso de la fotografía analógica, que se remataba con primor en los álbumes con los recuerdos de los acontecimientos más destacados de la vida.

Con los nuevos soportes se pueden tirar todas las fotos que se quieran. Antes había que seleccionar más y ajustarse a un presupuesto para cada foto. El material es caro y el proceso de revelado y positivado es laborioso. La foto, salvo con aquellas máquinas polaroid de autorrevelado, no se veía en el acto como sucede ahora.

La primera iniciativa de la asociación ha sido crear una página web (http://www.quimicafotografica.com) y un grupo de facebook para facilitar el contacto con las personas interesadas

El fotógrafo Antonio. JESÚS F. SALVADORES

Su padre, uno de los últimos fotógrafos de antes que sobreviven en León, es el vicepresidente de esta asociación. Antonio Díez destaca que existen asociaciones para recuperar y ensalrzar la fotografía analógica en otras ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla y también en Asturias. A nivel internacional las hay en abundancia aunque de momento tienen contacto con las de Nueva York, Argentina (país en el que pasó una parte de su vida el fotógrafo) y Francia.

«No se puede dejar morir la fotografía analógica, lo otro se pierde todo. Antes las fotos se hacían para conservar la memoria, ahora para verse un momento y luego se olvidan», recalca.

Foto Antonio tiene gran parte de su legado en la Universidad de Nueva York, en concreto, la Art Gallery del Queensborough Community College.

El sacerdote leonés Faustino Quintanilla, que actualmente milita en la iglesia ortodoxa, se enamoró de unos fondos que son la memoria de los acontecimientos clave de León durante la época franquista. El fotógrafo aún conserva una importante colección de negativos de su época como corresponsal de las agencias Efe, Cifra Gráfica y Alfil en las que trabajó.

También vendió sus instantáneas de actualidad en el Diario de León y en Proa. «Lo dejé marchar porque aquí nadie lo quería», afirma. Sobre todo, nadie lo quería pagar. Por ello rechazó ofertas para que su legado quedara en el Filmoteca de Castilla y León o más recientemente en la agencia Efe.

«Cuando yo empecé en la agencia Efe, León era un pueblo y me acostaba por la noche y no dormía pensando en la foto que podría interesar al mundo», explica. Recuerda que un día le llamó el entonces gobernador civil, Ameijide, y le dijo: «Tienes que venir que voy a inaugurar tal cosa». Pero Antonio se negó, asegura, porque «aquello no era una noticia que interesara a nivel nacional».

El álbum de contactos con el trabajo que realizó durante el Congreso Eucarítico. JESÚS F. SALVADORES

Si las paredes de Foto Antonio, donde aún mantiene su residencia, hablaran se podrían escuchar miles de anécdotas. La fotografía analógica no es sólo una técnica, fue una forma de vida para personas como Antonio Diez y otros de su tiempo. Recuerda que en la actual calle Domínguez Berrueta tenía su estudio el célebre fotógrafo Cordeiro: «Era un local con el techo de cristal para que entrara la luz. Cuando el día estaba nublado colgaba un cartel que decía: «Hoy no se hacen retratos por falta de luz».

También menciona las charolas, que eran las fotografías tamaño postal, y reverencia a los fotógrafos al minuto. Los ‘minuteros’ eran los retratistas que se colocaban con su cámara en la vía pública y hacían los retratos en el acto porque llevaban un mini laboratorio incorporado en el equipo. «A la gente le decían: ¿Qué le hago, media o una? Pensaban que era broma y todo el mundo decía una. Les colocaba una docena, jajaja...»

Muestra un negativo con los retoques realizados para camuflar el fondo. JESÚS F. SALVADORES

   
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