Diario de León

National Geographic se rinde ante este pueblo de León con 20 habitantes rodeado de cascadas

Foncebadón, la aldea leonesa que enamora a National Geographic por su historia jacobea, su clima singular y sus rutas entre cascadas

Las colinas que rodean Foncebadón ofrecen uno de los paisajes más serenos del Camino de Santiago.

Las colinas que rodean Foncebadón ofrecen uno de los paisajes más serenos del Camino de Santiago.Getty Images

Patricia de la Torre
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En plena comarca de la Maragatería leonesa, un pequeño pueblo en la ladera del Monte Irago ha captado la atención de National Geographic por su singular belleza, su vínculo ancestral con el Camino de Santiago y su capacidad para resurgir del olvido. Se llama Foncebadón y no llegan a vivir en él ni veinte personas. Aun así, su historia, su entorno natural y el empuje del turismo espiritual lo están devolviendo poco a poco a la vida.

En el artículo, se revela el encanto de esta aldea que fue casi abandonada en los años 60, y que hoy vuelve a ser una parada imprescindible para los caminantes de la ruta jacobea.

Foncebadón y el Camino de Santiago: una historia milenaria que revive

La localidad depende del ayuntamiento de Santa Coloma de Somoza y conserva su antigua estructura: algunas casas de piedra, una iglesia dedicada a Santa María Magdalena, una palloza tradicional y una ermita bajo la cual, según cuenta la tradición, «hay reliquias enterradas». Este enclave fue lugar de paso obligado para los peregrinos durante siglos, al igual que la vecina villa de Molinaseca, que presume de un puente medieval protegido por la UNESCO.

El resurgir de Foncebadón no se entiende sin la fuerza simbólica del Camino. Desde sus entradas confluyen dos senderos: el actual, que viene desde Rabanal, y otro que conecta con Veldedo y Manzanal, con un desvío hacia La Maluenga. La historia local sitúa aquí la fundación, en el siglo XI, de una iglesia y un hospital de peregrinos por parte del ermitaño Guacelmo, quien además habría levantado la icónica Cruz de Ferro «para guiarlos y que no se perdieran entre los terrenos nevados».

National Geographic recuerda que este lugar tuvo incluso un privilegio único: el rey Alfonso VI otorgó a Guacelmo el señorío del lugar, libre de impuestos a perpetuidad, un derecho que fue ratificado por los monarcas que le sucedieron.

Clima de alta montaña: la manta del verano y la frescura del norte

Uno de los elementos que más llama la atención de Foncebadón es su clima atípico. Con 1.500 metros de altitud, esta aldea presenta un ambiente de alta montaña atlántica, lo que significa veranos breves y frescos, noches frías y cielos limpios. Según los testimonios recogidos por National Geographic, los vecinos recuerdan con humor y certeza que «en las noches de verano, siempre hay que dormir con una manta».

Este contraste térmico se ha convertido en un atractivo en sí mismo para quienes huyen del calor urbano.

Naturaleza pura: cascadas, rutas circulares y bosques de roble y pino

Desde Foncebadón parte una ruta circular de unos ocho kilómetros que lleva hasta la Cascada de Fervencia, «conocida como el techo del Camino de Santiago», como señala el artículo. El recorrido pasa por el Prado de la Molina, donde antaño existió un molino, y sigue entre arroyos que dan vida al río de la Molina, cuyas aguas acaban en el Tremor.

La caminata atraviesa un paisaje boscoso de robles, pinos y abedules. La ida es suave y relajante, pero el regreso exige esfuerzo, con un ascenso de 400 metros en solo dos kilómetros. Al final del camino, el salto de agua ofrece una recompensa sensorial y la posibilidad de un baño reparador.

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