CORNADA DE LOBO
Quiso ser abeja
De entre las pocas (no tan pocas), pero fascinantes, menuditas y galanas orquídeas (orquídeas, sí) que nacen en suelos de esta tierra desde la paramera a la montaña, hay una que se me hace chorrón de preguntas por esculpir en el centro de su flor, en la diana de su belleza, una abeja o similar (orquídea perdiz le dicen), abeja fácilmente identificable para atraer al insecto que necesita para polinizarla hurgándole en el gustirrinín. Y eso es que esa flor, en su origen, fue más simple, sin duda, pero llegó un día en que tuvo que echarle imaginación a su figura esculpiéndose un señuelo con radical cirujía plástica, o su tribu desaparecería sin que la dichosa abeja le meneara la cosa como hacía con otras flores dándoles éxito en su evolución. Porque las plantas, como los bichos y aún mucho antes que ellos, evolucionaron, se adaptaron, lucharon contra los elementos de hielo o fuego, y así sobrevivieron engalanándose, despampanando, esporpollándose... La cosa es cómo puede discurrir esto una planta estando presa de patas y sin tener manos para fabricarse vestidos. ¿Es que tiene ojos para ver cómo es una abeja, su abdomen, sus colores y detalles peludos, sus alas, su posarse?... porque la imitación que logra es de puro escultor observador e hiperrrealista... ¿y de qué herramientas dispone para elaborar estos precisos disfraces?... ¿es que lo hace sólo con el pensamiento?... ¿y cómo le dice a sus semillas que asuman lo que ella aprendió?, ¿cómo logra transmitirlo a sus hijos?, ¿sólo con el pensamiento?... Pues eso debe ser, no se le ve otra mecánica o herramienta, lo hace a chita callando, emitiendo ideas que ordenan a sus células pervertir costumbre o rutina natural para comportarse de acuerdo a la conclusión a la que ha llegado ella solita. Y a eso se le llama inteligencia, comunicación... o sea, arte. De modo que nos queda todo por aprender de las plantas a las que castramos cortando las flores que son se sexo, segándolas, quemándolas, talándolas... Cada vez que corto una de estas orquídeas o una rosa o ramita de eucalipto para que me perfume el coche, soy un cabrón incorregible. ¿Y el que se las come vivas o abrasadas?...