LEÓN EN VERSO
La voz de los pastores
Los abuelos de Dios eran pastores. Está grabado a cincel en el frontispicio del templo que da entrada a León; lo que pasa es que se mira poco a los frisos; los de aquí, hartos del entorno; los de fuera, porque se centran en no tropezarse, de cómo está la calzada, que con la polvareda se enfosca el calzado y cuando llueve hay que caminar por la superficie de los cantos. Los abuelos de Dios eran pastores, conviene no olvidarlo la próxima vez que a esta panda de retrasados mentales le dé por meterle fuego a las urces, y se lo lleve todo el demonio, excepto lo que las cabras sacaron a diente, y lo que salve el árbol mágico de Tres Cantos que obligó a hincar la rodilla a la lumbre, hasta aquí, dijo, para que las vacas siguieran con el sestil de agosto. Así que los herederos de Dios salen a campo abierto a hacer frente al peligro, que puede ser funcionario u otra alimaña, ventisca, canícula, falampos, carámbano, tábano, gafuras, sequía bíblica o lluvia al estilo Buenos Aires; y vuelven a casa calados hasta los huesos, tiesos, como la cecina de corzo, duros, como la tierra centenera. Uno de esa estirpe de los herederos de Dios durmió varios días a la puerta del redil del ganado para que la llamarada que arrasó tanto entorno casi como fue capaz de liquidar en cuatro décadas las políticas suicidas de la Unión Europea no le llevara por delante la vida; o la del rebaño, que viene a ser lo mismo. El rocío apenas basta para pulir el suelo, perdido como quedó todo de tizones. Los herederos de Dios son aguerridos. La última chamusquina recuerda la gesta del pastor que hace tres años murió por salvar a las reses. Se va un incendio y viene otro; y aún hay gente que no lo entiende. El fuego agita la desgracia. La desgracia conmociona. Un compañero me dijo, hazte así, anda, que tienes algo en el ojo, al escuchar a una mujer de la Valdería contar que había perdido a 1.500 animales, y que todo dejó de ser relevante cuando supo de su hijo, tres horas desaparecido en la marejada del humo. En una emisión emocionante de radio, Alsina dio voz a Edilberto, que resistió en Pombriego. Aún queda algo de esperanza. La voz de un pastor en un púlpito asediado por ministros.