CORNADA DE LOBO
Y se portó
Murió este lunes el burgalés Luis Ángel de la Viuda como cerrando la página de mejores dichas y atrevimientos que haya tenido uno en este ya largo trotar periodístico. Aunque fue Emilio Romero quien me fichó en 1974 para dirigir la edición leonesa de «Pueblo», fue con De la Viuda, su sucesor al poco en la dirección, con quien más trabajé y estreché la relación profesional y personal que abiertamente brindaba su torrente de periodismo vitalista y hasta osado en aquellos días en que el franquismo acataba sus postrimerias, aunque rabiado y muy policial, sin poder contener las ganas de contar y hurgar en zonas oscuras de las que no pocos nombres y medios hacían bandera; y ahí, «Pueblo» con «Cándido», Jose María García, Gurriarán, Marlasca, Raúl del Pozo, Miguel Ors, Rosa Villacastín, Carrascal, Vicente Romero, los dos Reverte, Cebrián, Forges, Hermida... Que además Andrés Aberasturi fuera mi jefe en la sección de provincias fue enorme suerte y privilegio. Margen y confianza me dieron de alfombra. Y a pelear. «Luis Ángel, tengo asunto de corrupción de mucho bulto en la concentración parcelaria de dos pueblos, Toral de los Guzmanes y Algadefe, pero como somos un diario estatal y oficial, igual no procede»... «¿tienes pruebas?»... «todas, y cuarenta vecinos que dan la cara y seña judicial»... «pues adelante»... y delante estaba el presidente del Iryda que se querelló contra el periódico y mi autoría amenazando sanción millonaria, pero pinchó en hueso, el director se portó... y aún con mayor energía se enfrentó después a Francisco Laína, gobernador de León, que no soportaba los amplios reportajes que publicaba en la edición nacional sobre los graves altercados que provocó la oposición de los leoneses a la central nuclear de Valencia de Don Juan. Tras advertir a mi madre que me había abierto un expediente de destierro, exigió a De la Viuda mi despido fulminante. «Mira, tú serás gobernador en León, pero yo soy director de «Pueblo» en Madrid y la veracidad y mis redactores son mi capital». Rechinó aquel Fino Laína. Y ya no vería yo a otro director con tantas agallas. Descansa en paz, maestro y amigo.