Diario de León

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El insulso festivo del lunes se empotró contra un martes de agendas hirvientes. León sumaba el segundo fin de semana de tres días de inactividad (tras San Froilán), y se abrió la semana con Pedro Sánchez desembarcando en helicóptero, con la ciudad llena de ciberseguratas, con UPL alcanzando la ansiada foto con un ministro para explicarle lo de la autonomía, con PP y PSOE reeditando el cuadro de Goya de los garrotazos ni más ni menos que en el atril del Congreso... y desde Valladolid propagando la Junta un proyecto de presupuestos que lo tiene más complicado para llegar al Boletín Oficial que los que sueñan con un Cultural-Valladolid la próxima temporada en Primera División.

En política hablar de tensa calma es ya un imposible. Con esa sensación de que cada día que pasa se calan un poco más las bayonetas a los fusiles, se perfilan en el horizonte las primeras elecciones, las autonómicas, que tendrán lugar exactamente dentro de cinco meses. Una cita que llega marcada por tanta variabilidad sobre los repartos de escaños exactos como por su capacidad de tener un efecto mariposa, con consecuencias en múltiples lugares.

Las últimas elecciones autonómicas en esta nuestra comunidad se estrenaron como únicas y aisladas del resto de votaciones. Eso animó un voto de castigo a los grandes que catapultó a la UPL a victorias nunca sospechadas en múltiples lugares, incluidas las ciudades. El devenir político de estos tres años y medio puede estar generando una nueva revuelta de localismo que se alienta, también de algún modo, por los dos grandes con su permanente batalla que empuja a la sociedad a optar por esa vía apuntalada en el victimismo.

Nos toca mucha murga de proyectos que nunca verá nadie —puros trampantojos— y de la relevancia de lo que está en juego da fe la cuarta visita de Pedro Sánchez en semanas, o el atisto de Presupuestos de Castilla y León que necesitarán ni más ni menos que el apoyo de Vox o del PSOE. Eso, con las elecciones ya con fecha fija, no anima al optimismo. Sería dar demasiado aire cuando todo está en juego. El 15 de marzo, no parece previsible en Castilla y León una mayoría absoluta por ese auge de una derecha convertida en franquicia en la que se vota solo la sigla, por su evidente incapacidad para lograr buenos candidatos. Mañueco precisará el voto de Vox en la investidura y eso animará el ventilador que ansía el aparato de Pedro Sánchez para que los suyos puedan dejar de ‘pasarlas putas’ y coger la papeleta de la rosa...

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