Diario de León

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Parece que alguien quitó la tapa de los conflictos de Renfe y surgen agujeros por todas partes. Aunque en eso también hay clases. En Cataluña, como no puede ser de otra manera, ruedan cabezas por sus problemas con los llamados rodalíes —por cierto, con competencias ya transferidas—. La batalla territorial, como el afán contra los centralismos, es un buen ejemplo de aquello de ver la paja en el ojo ajeno. A los centrípetos de UPL, tan hartos del afán acaparador de Valladolid —innegable— les ha salido un ramalazo depredador por aquello de que los puestos en las Cortes autonómicas, con garantías, son limitados. Quedan en suspenso provisional los afanes por hacer entender al Bierzo que también forma parte de León. Dicen que habrá muchos bercianos en su candidatura, pero podría tratarse del juego del trilero, facilitándoles hueco dónde fijo que no está la bolita del escaño. Asientos bien pagados en un lugar tan infernal y despreciable —para ellos— como es el parlamento castellano y leonés. Cuando se afinan las listas siempre es mejor ser precavidos, como hizo otro odiador de la autonomía, el podemita Pablo Fernández, que hace cuatro años se transfugó a la candidatura de Valladolid al ofrecer más garantías de éxito.

Estos días se concretan los carteles para el 15-M, y afloran también las vergüenzas. Aquí ya no se corta nadie y se incluye sin pudor a un personaje judicializado —el socialista lacianiego Mario Rivas—. Mientras Mañueco y cía prueban la capacidad conocida del PP de tropezar dos veces en la misma piedra. Si en las municipales fueron contra natura explorando la vía leonesista y recogieron frutos podridos, ahora exhiben una torpe debilidad para buscar un farol y dar un as a los rivales que, sin duda, explotarán en las próximas semanas que hayan retirado la cabeza de cartel a Suárez-Quiñones. Y en Vox... quizá da lo mismo los nombres que pongan porque nadie se va a molestar siquiera en leerlos. Se vota o se odia la marca. Así, sin más.

Frente a ese atado y bien atado que persiguen los políticos, sobre los propios partidos y las instituciones, la prensa se ha marcado estos días otra muesca en su revólver a cuenta de la catástrofe ferroviaria, desvelando la realidad. El ministro Puente apostó por la nueva vía de sobresaturar todo de mensajes para poder defender, pase lo que pase, un «ya dije yo». Pero se pasó de velocidad y descarriló...

Quizá habría que preparar el kit de supervivencia que promovió la UE hace meses... para subir a un tren. O por si llega otro apagón.

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