lunes 16/5/22

1812

Está la efeméride de la Constitución de 1978 a la vuelta de la esquina. Su puesta en vigor hace 43 años jalonaba una historia del constitucionalismo español que había comenzado más de un siglo y medio antes, con la proclamación de la Constitución de 1812, aquella Carta Magna que, por haberse aprobado en Cádiz el 19 de marzo, día de San José, pasó a conocerse popularmente como la Pepa. 

Aquel hito llegó a León en medio de la conocida guerra peninsular que enfrentaba a los ocupantes franceses con unos ingleses a los que apoyaban españoles y portugueses. Y era precisamente nuestra provincia escenario privilegiado de aquellas operaciones por encontrarse en el camino entre una meseta ocupada por los galos y las costas atlánticas a las que accedían los barcos británicos.
Era justamente aquel 1812 el año en que los ejércitos napoleónicos comenzaban a enfangarse en Europa. La Grande Armée retiraba buena parte de sus efectivos de la península ibérica para destinarlos a la que habría de ser su fatal campaña rusa, por lo que su control sobre ella comenzó a ser mucho más inestable. Y la provincia leonesa comenzaba a ver correr por sus tierras a unos ejércitos que iban y venían controlando precariamente sus principales plazas.

Este era el inseguro contexto en el que llegó a la capital provincial la primera de las constituciones españolas, la constitución que había sido aprobada en esa franja de tierra rodeada de mar que es Cádiz, y a la que protegía del asedio francés la armada británica. 

Después de una de las huidas francesas, se publicó la norma constitucional en la capital leonesa el 16 de julio de 1812, e inmediatamente comenzaron a elegirse ayuntamientos por sufragio universal, también se instauró al frente de la provincia el llamado jefe político, precedente de lo que luego sería conocido como gobernador civil. Poco después fueron convocadas elecciones para la formación de Cortes. El sufragio comenzó el 12 de noviembre de ese mismo año, pero se vio interrumpido con un retorno de las fuerzas galas que ocuparon parte del territorio provincial desde diciembre de 1812 hasta marzo de 1813, por lo que el proceso no pudo concluirse hasta junio de ese mismo año.
El 30 de junio se constituyó, en base a la nueva ley, la primera diputación leonesa, una institución que dotaba a las provincias, antes meras demarcaciones fiscales, de nuevos poderes políticos. Muchas de ellas venían a coincidir con territorios de amplia trayectoria en el tiempo y coincidentes con antiguos reinos. Así era el caso de la provincia leonesa que, aunque en la zona suroriental vio variados sus límites en muchas ocasiones, sí vio ratificada, con esta Constitución de 1812, una territorial presencia histórica que podía rastrearse desde los antiguos tiempos de la Edad Media.
  La Constitución de 1812 duró poco. La derrota de Napoleón en Waterloo devolvió a sus tronos a muchos de los monarcas absolutos del Antiguo Régimen. También en España. Fernando VII regresó rechazando la Carta Magna y persiguiendo a los liberales. Pero aquel proceso abierto durante la invasión francesa estaba destinado a perdurar. Aquella Constitución se convirtió en un símbolo para los liberales del siglo XIX y para la historia de un constitucionalismo cuyo epígono, de momento, es la Carta de 1978, la que próximamente vamos a celebrar.

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