domingo. 25.09.2022

Cambio cultural

La edad cotiza a la baja, más si carece de poder. La cotización está relacionada con el grado de poder de decisión. Que se pierde en caso de haberla tenido, no lo olviden los supuestos imprescindibles o intocables. De ahí la necesidad de rearme de ciertos sectores —mayores, mundo rural…— para aportar su propia visión y expectativas frente a la concepción de la actual oferta, transversal y desideologizada, obsesionada esencialmente por apretar el botón de las decisiones. La aspiración de dominio como control de un enorme campo magnético que haga moverse todo en torno a los intereses de bloques capaces de mover todos los hilos. El gusto del dominante se ejercita con frecuencia mediante la presión velada, la siembra del miedo, la amenaza…, con la consiguiente aceleración de privilegios, que siempre fortalecen la integración colectiva de los dominadores.

En este contexto nace lo que algunos han dado en llamar “necesidad de un cambio cultural”, que parece un eufemismo de baja ralea para amparar el objetivo de que el personal llegue a trabajar hasta los setenta y cinco. Tela marinera. Supone uno, sin apuntar ningún convencimiento apriorístico, que a la hipotética decisión se apuntarían los que tienen trabajos llevaderos, livianos mejor, acaso para evitar el aburrimiento y, además, subir la nómina con las compensaciones que se acompañan, según el gancho que se propone. Hubo una ley no hace tanto, que en algunos ambientes se conoció como del relevo, que en su filosofía pretendía aprovechar la experiencia de quienes se acogían a una jubilación parcial. Los vericuetos de la picaresca, consentida sin duda, desvirtuaron tal finalidad. Y la experiencia se convirtió en conveniencia.

Los paradigmas de los cambios suelen basarse en globos sonda hasta contemplarse las reacciones que permiten zanjar o seguir. Hay que dejar respirar al personal, dicen. Y ya saben cómo ha respirado. No hacía tanto que la predicación del cambio andaba por caminos muy diferentes, subrayando los proyectos personales que seguirían al período laboral, más complicado en estos momentos por evidentes razones de las dificultades de completar cotizaciones. Otro cantar.

Toda propuesta puede tener su contrapropuesta, por qué no bajo el signo también de cambio cultural. ¿Por qué no trabajar hasta los sesenta? ¿Por qué no el cambio cultural no es mejorar sueldos y condiciones de trabajo, tan penosas y humillantes en no pocas ocasiones? Póngase todo sobre el tapete.

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