Diario de León

Alfonso García

Para evitar el olvido

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La mayor riqueza que atesora esta tierra son sus gentes. Cada día puede además aparecer un descubrimiento, una sorpresa o el testimonio de una grandeza. Tal me ocurrió recientemente con José Antonio Martínez Lombó, apasionado de lo minero, coleccionista de lámparas, candiles, faroles… de este y otros ámbitos sobre el que poco puede escaparse a su curiosidad y sabiduría. Aparece el pasado mes, para mayor abundamiento, la segunda edición, ampliada, de La canción del minero , un relato y ochenta poemas que he leído de un tirón. Un recorrido de emociones. Empieza el titulado Seis pozos : «Entre Santa Lucía y Ciñera, / se alzan en la memoria / seis castilletes de hierro, / sombras vencidas que guardan / el alma de los mineros / que recorrieron un día / aquellos oscuros subsuelos».

En estos mismos días se habla de una hermosa y justa iniciativa emprendida por la Junta Vecinal de Santa Lucía de Gordón: en la emblemática Plaza del Pisón de la que fuera localidad minera colocarán una placa con los nombres de los fallecidos a lo largo de la historia en las minas de la zona. Nombre, apellidos, edad, fecha de su muerte… Entre ellos, los de los dos accidentes más dolorosos, si caben mediciones en este sentido: nueve en el Socavón (1952) y seis en el Pozo Emilio del Valle (2013). El grisú siempre está alerta. Hablan de doscientos treinta nombres propios los recuperados en total, lo que, sin duda, habrá exigido un enorme esfuerzo de búsqueda y documentación.

Este esfuerzo por mantener viva la memoria de la mina y, ante todo y sobre todo, de quienes en ella perdieron la vida merece el aplauso más sincero. El único lamento, después de estos años, es la pérdida, la destrucción más bien, de las instalaciones mineras, las más importantes del país según el informe de los expertos, en el que también se hablaba de su aprovechamiento como alternativa económica de cara al futuro. Volviendo a Martínez Lombó, este es el final de otro poema, titulado precisamente Santa Lucía : «Por las grietas de los hogares/ reptan los corazones marchitos/ como minotauros presos/ en quebrados laberintos,/ persiguen lo que fue,/ lo que pudo llegar a ser,/ lo que en Santa Lucía/ nunca tuvo/ que haber sucedido».

Dejar constancia es una forma de vida. Quede la gratitud por ello. Es una forma de evitar el olvido definitivo.

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