sábado 5/12/20

Guarden las carteras

Uno sospecha que buena parte de las fotos fijas se gestionan en los despachos de la propaganda, sin que añadan, por tanto, nada relevante a quienes en ellas se detengan. Es la sensación que me produce una de las vistas en los primeros días de agosto: el mandamás de la Diputación y otro diputado, al parecer muy cercano al núcleo definitivo del poder provincial, aparecen junto a unas cajas con mascarillas recibidas de la Federación Española de Municipios y Provincias. Uno no entiende ese afán por aparecer retratados, ante la risa del común, por cualquier asunto, venga o no al caso. ¿Dónde el mérito, la acción, la ejemplaridad o la inversión de la instantánea? En todo caso, lo único que se pide es que el reparto del contenido de las cajas sea justo, equitativo y transparente.

A uno, modestamente, le parece publicidad subliminal, quizá de gratitud a la FEMP por el apoyo —voto de calidad, que nunca entenderé— al uso, por parte del Gobierno, de los remanentes de caja, que, por cierto, ha recibido un varapalo notable. Las ocurrencias incomprensibles de financiarse con los ahorros de los demás es bueno que tengan las patas cortas. Es más saludable que los entresijos del poder eliminen los miles y miles de chiringuitos y consejeros que no aconsejan ni saben, en general, de la materia —¿cuántos pepiños y montillas tienen cada partido en sus listas?—, y liquiden, de una vez, a los contratistas de cargos y sueldos públicos de escándalo y déjense de tantas bagatelas dialécticas. La reforma del Estado en este sentido es necesaria y urgente. Se van por los desagües muchos millones inútiles. La creciente y peligrosa peronización del Gobierno debería atender más a una gestión eficaz, sensata y regeneradora, en un país rico en recursos y talento humano, con tanta pobreza sin embargo. El caciquismo, mal endémico entre nosotros, prosigue.

Están los ayuntamientos como para fiestas económicas, con la que está cayendo. Encima, les piden, con devolución aplazada. Las promesas de inversión, por ejemplo en la Montaña Central, se alargan o esfuman. Es el pago a los favores bajo presión. Primero, reindustrialización. Después, paraíso turístico, que se esfumará con la siembra de los nuevos molinos anunciados. Riqueza generada de siempre para engordar otras geografías y otros bolsillos con escasas o nulas compensaciones. Mientras, como escribe A. Manilla en Todos hablan, “vemos pasar por nuestros cielos bandadas de aves migratorias: son nuestros nietos”.

Guarden las carteras
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