sábado 5/12/20

Ni Junta ni UGT

Estamos a la altura de las exigencias y de los compromisos». Lo repiten unos y otros sin cansarse, hasta aburrir. Y lo venden a bombo y platillo, hasta que se olvida. Pareciera ser que el tiempo todo lo cura. Hasta las promesas olvidadas que sirvieron para sacar pecho. La lista de promesas y proyectos incumplidos no tendría fin. Lo que ocurre es que las hemerotecas son una bendición y, aunque pobre, un consuelo. O un desconsuelo. ¿Qué fue de…? Podría ser el título de incumplimientos. No estaría nada mal.

Sirva hoy un ejemplo. Presupuestado en 2006 «con un coste de más de un millón de euros», el domingo 19 de octubre de 2008 este periódico hizo un amplio despliegue informativo, con llamada importante a tres columnas en la primera, sobre «el proyecto, promovido por UGT», que «pretende contribuir a la recuperación de ambas zonas»: «Villaseca de Laciana y Santa Lucía convertirán sus casas del pueblo en albergue-museo». Y en las tripas de la noticia se desgranan no pocos detalles, que corrieron por ambas localidades y sus comarcas como una bocanada de esperanza, alimentada por los voceros que predicaban la gloria por esquinas, barras de bar y al aire libre con una sonrisa de oreja a oreja. Había que reverenciar la clarividencia de su idea y de su esfuerzo, firme y definitivo. «La iniciativa de UGT, que se financiará con los fondos del Plan del Carbón, incluye sendos museos mineros».

¿Dónde el proyecto vendido hace doce años y presupuestado hace catorce? Desconozco hasta qué grado de implicación, si es que existió, tuvo la Junta. Lo que sí se sabe es que el deterioro que se pretendía recuperar llega hoy a extremos preocupantes. ¿Dónde los dineros? ¿Dónde el material museable? Uno nunca sabe si es ya una manía vender la piel del oso antes de matarlo. O dejadez. Falta de comunicación y explicaciones, en cualquier caso.

Uno cree humildemente que, ahora que tanto se habla de transición justa, de recuperación y zonas deprimidas, se puede retomar el proyecto. ¿De qué sirvió la disputa por la propiedad de este patrimonio si después se deja caer? ¿Para qué tanta ventana abierta si después se cierran todas para que crezcan las ortigas del olvido? ¿Y la credibilidad? ¿O ya no son rentables sindical ni políticamente las zonas, envejecidas y mermadas? «Cosas peores veredes, amigo Sancho». Y la verdad es que no las vio ni tan sangrientas ni tan dolorosas. ¿Ocurrirá lo mismo con esa mesa que está ahora en los altavoces del pregón?

Ni Junta ni UGT
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