sábado 5/12/20

Sicosis del pero

Las conjunciones son un pequeño ejército gramatical que da mucho juego de semánticas e intenciones en épocas convulsas como esta que vivimos de forma violenta, de violencia ajena, silenciosa e inesperada. El vivir tiene estas cosas, a veces cíclicas sin períodos precisos, con el recuerdo secular del paralelismo de la «Gripe Española» (1918), aunque no tuviera su origen aquí.

A pesar de todos los pesares, inconvenientes y las consabidas salidas de pata de banco, los tiempos de contagios y pandemias espolean en el espíritu colectivo un sentimiento de comunidad —nunca, seguramente, hemos aplaudido tanto como ahora—, que está subiendo el aliento positivo en fechas de tantas dificultades, excepto para los que cualquier circunstancia es buena para arrimar el ascua a su sardina bajo la tensión del rédito político, que, al lado de corifeos y palmeros, no entienden, o entienden poco de circunstancias excepcionales. Habrá tiempo. No todo es legítimo. Algunos, simplemente impresentables. A posteriori todo se ve muy claro. Posiblemente, y por no pocas razones, la crisis eliminará del camino de tal ejercicio a una generación, o parte, de políticos. Poca talla. En qué manos estamos.

Y en este complicado escenario, y con la moda imperiosa del lenguaje inclusivo, aparece también el excluyente, a veces desgarrador, que no otra cosa aparenta ser —ay, subconsciente traicionero— más que una «amortización de los viejos». Occidente no tiene una cultura de la vejez, por más que algunos se esfuercen, con signos de buenismo malentendido, en un acaramelamiento forzado. Solo la claridad transitoria de la juventud. Y ahí llega la fortaleza semántica del pero, con su expresividad restrictiva que parece —o no parece— expresar alivio. Es la sicosis del pero. Fíjense en esta noticia, entre las muchas aparecidas de tal guisa en estos días de miedo y precauciones: «Hoy han fallecido poco más de trescientas personas, pero el ochenta por ciento tiene más de setenta años». Pero. Además de advertir que, desgraciadamente, todos jugamos en la misma tómbola, se ha abierto un mini-debate, tonto e inútil, sobre la edad que marca el umbral de la vejez. Teorías para todos los gustos. No entro ni salgo. En todo caso leo al poeta Eliseo Diego: «Los viejos están solos con los viejos /…No les alcanza el cómo de los gustos / que cambian con las nubes, ni la ciencia / nueva del bien y el mal: melancolía / de estarse siempre al margen…». Tengan la fortaleza de los espíritus generosos.

Sicosis del pero
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