Diario de León

Creado:

Actualizado:

Los cartógrafos inventaron la tierra sobre el papel. No había nada hasta entonces y, con los pies en el suelo, situaron en los mapas los territorios para que los viajeros identificasen dónde pisaban y comprendieran la inmensidad que los rodeaba. Se ubicaron los continentes, los países, los valles y las cordilleras. Tomaron forma los ríos, los lagos y los océanos, que hasta el momento sólo eran propiedad del ideario colectivo de sus pobladores. Pero, donde se perdían los testimonios y las huellas, aparecieron vacíos que tardaron siglos en algunos casos en identificarse. Ahí, en esas porciones, los delineantes de la época razonaron su falta de datos con el dibujo de criaturas monstruosas y una leyenda en latín: Hic Sunt Dracones . Cuando llegaban a la marca, los navegantes daban la vuelta: más allá había dragones. (Por cierto, no dejen de leer el libro de Fernando León de Aranoa ‘Aquí yacen dragones’).

La miopía de los antiguos la heredan ahora los estadistas encargados del diseño de las áreas que serán objeto de los fondos de reconstrucción para las zonas mineras. El plano se frena en los terrenos donde, de acuerdo a un criterio infame, ya no había minas con anterioridad al 31 de diciembre de 2018. La bautizada por el Gobierno como Transición Justa —qué afición con edificar conceptos sobre la espuma de la nada para ocultar que se trata de una reconversión dura de la que ya tenemos pruebas— deja fuera la mancha en la que ocupan espacio Cistierna, Sabero, Valderrueda, Valdepiélago, Vegacervera, Valdesamario, Villagatón o San Emiliano. La exclusión hurta la oportunidad de estos municipios de acogerse al aliento de los proyectos auspiciados por la UE, donde Alemania abre centrales térmicas a la par que aquí se cierra Compostilla y se trancará después La Robla. La descarbonización dibuja un atlas en el que León una vez más queda orillado a la espera de que las eléctricas cumplan con las promesas de inversión en renovables, sin que se conozca por ahora si los millones anunciados servirán para generar empleo que retenga población o sólo para que las multinacionales se embolsen las plusvalías y los paisanos se tumben los lunes al sol. No cabe la esperanza con el precedente de los Miner. Menos, si media la Junta, que los empleó durante años para ahorrarse los fondos propios que tenía que haber destinado a la provincia. Poco a poco nos borran del mapa. Habrá que cincelar el epitafio: Aquí yacen dragones.

tracking