lunes. 08.08.2022

Caras de Bélmez

El cambio climático ha devenido en coartada política antes que efecto para quienes necesitan un atajo en el que esconder su inoperancia. La subida de las temperaturas, el derretimiento de los polos, el aumento de la sequía se constatan de manera empírica como consecuencia de una contaminación excesiva causada por la acción humana. No me aparto. Pero el comodín se arrastra sin empacho para justificar todo tipo de sucesos en los que, más allá de la rebelión de la naturaleza contra las agresiones sufridas, se revela una falta de previsión alertada desde hace tiempo. No se limpian los montes durante el invierno como se necesitaría porque cuesta dinero que luego se malgasta en asesores. No se cuida a las cuadrillas de brigadistas, sino que se las emplea como socorristas de piscina de verano porque salen más baratos en la modalidad de empleo precario de fijos discontinuos. Ni se atiende a los pueblos que reclaman participar en la gestión de los terrenos comunales, en el reparto de las suertes de la leña y los aprovechamientos de los recursos, que ahora se entregan a las empresas privadas con arreglo a la ley que la Junta ideó para que los paisanos los vieran como algo ajeno y dejaran de cuidarlos. Ahora, cuando el fuego prende en el abandono del emboscado que campa a sus anchas, las administraciones se excusan en la interpretación de los posos de las cenizas del incendio, donde convencen a los ciudadanos de que se ven las caras de Bélmez para que se olviden de la irresponsabilidad que acarrea su dejación de funciones. El demonio del fuego prende desde la antigüedad en las mentes enfermas de los pirómanos, frente a los que el Código Penal no encuentra artículos suficientes que sustenten las pruebas con la que la Guardia Civil, carente de medios, ilumina sus investigaciones. Pero la facilidad con la que se ovillan las llamas acaballadas en las árgomas, en la espesura del bosque que cierra caminos, en la voracidad del combustible fósil que alfombra las matas de robles, no se debe de repente al calentamiento global. El aumento de las temperaturas ha hecho que en el campo los agricultores ya hayan avisado de que se adelanta cuanto menos un mes el encañe de las mieses, pero sin embargo la Junta ha mantenido el calendario de contrataciones hasta la entrada del verano en el calendario y el Gobierno se coloca de perfil. Sánchez y Mañueco se agarran a que el cambio climático mata. Claro, como la desidia.

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