domingo. 14.08.2022

El sexo mandamiento

No podíamos imaginar que, convertido en un personaje de Woody Allen, el nuevo vicepresidente de la Junta iba a empeñar la estrategia contra la despoblación al cumplimiento del catecismo del padre Astete. La disertación de García-Gallardo, en la que culpa del «invierno demográfico» a la «conversión del sexo en un acto de consumo», que hace que olvidemos que su «finalidad principal es la procreación», le convierte en aspirante para revisitar la película en la que al genial director le riñen sus colegas espermatozoides cuando intenta desmarcase de la eyaculación: «Hiciste el juramento de que o fecundabas un óvulo o morirías en el intento», le reconvienen, en Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo (pero nunca se atrevió a preguntar), una cinta recomendable para el representante burgalés de Vox en la que, ahora que me acuerdo, otro de los personajes se jacta de que le llamaban «loco» pero fue quien «descubrió el vínculo entre la masturbación excesiva y la afición a la política».

La apelación del casto García-Gallardo a la observancia estricta del sex(t)o y el noveno mandamiento como estrategia para aumentar el padrón resuelve el problema desde un enfoque de Partido Comunista Chino, pero ajeno a la brecha demográfica y sociológica. La receta de sacristía olvida que apenas uno de cada tres nacidos en la provincia vive todavía aquí, que menos de la mitad de la población en edad de trabajar tiene un empleo y que la edad media ronda los 50 años. El saldo vegetativo firmó el último año cuatro funerales por cada bautizo, no porque haya más afición a morirse que a procrear, sino por probabilidad. La pérdida de más de 78.500 vecinos desde 1983 no tiene su explicación en el auge del uso del condón, ni en que haya «personas que se liberan de esas cadenas que suponen la familia y el matrimonio, con las renuncias implícitas que tienen, para dedicar su existencia a satisfacer sus deseos sexuales», como argumenta el vicepresidente desde el púlpito vacío de contenido en la Junta. Valladolid, Madrid, Cataluña, País Vasco o la costa ganan vecinos porque las inversiones se concentran allí, donde luego tenemos que emigrar los leoneses, no porque follen como buenos cristianos. Aquí nos toca jodernos, por pervertidos, como al Zelig de Woody Allen, quien excusaba su prisa por marcharse en que tenía un seminario de masturbación y, si no llegaba a la hora, empezarían sin él.

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