lunes 23.09.2019

León solo

Al psiquiatra del PP autonómico José Antonio de Santiago Juárez se le escuchó esta semana lo que piensa. Tras una década como titiritero para hacer que cada marioneta dijera el diálogo que más le convenía a los intereses de Herrera en las Cortes, el maquiavelo castellano recetó la necesidad de reconocer a Valladolid en el Estatuto de autonomía como capital de la comunidad.

El anuncio desató una vorágine de golpes de pecho en contra, entre los políticos de todo signo, que a punto estuvo de despertar a las editoriales que estimula la Junta desde hace años para que los libros de texto adoctrinen a los niños con el cuento de la existencia de un territorio común de Castilla y León desde la prehistoria, en el que los ciudadanos aprobaron un estatuto —pese a que nunca se sometió a consulta— y cuya capital reside en Pucela. La unidad exhibida para rechazar la propuesta nos pilla tarde.

En concreto, 36 años tarde. Desde que en 1983 nos hicieron tragar con el engendro que ha dejado como resultado la realidad que hoy tenemos. Ahora, aquellos del ‘somos socialistas pero antes leonesistas’ y los herederos del germen del PP que iban tras la pancarta de ‘León solo’ hasta que se vendieron por una parte del negocio llaman a mantener prietas las filas, cuando arrastran décadas de connivencia con la estrategia de concentrar el desarrollo el eje de Valladolid, Burgos y Palencia, con la Región Leonesa como daño colateral y el latrocinio de los fondos estructurales de la UE como ejemplo.

Ahora, salta la alarma porque un papel oficial constate una capitalidad que se ejecutó de hecho con el asentamiento de las instituciones y sus organismos paralelos porque el Pisuerga pasaba por allí, donde la administración autonómica se erige en la principal empresa empleadora y la que ejerce la atracción para la mayoría del resto.

Ahora, se bloquea la introducción del término en la reforma exprés del estatuto para evitar que despertemos del engaño de la igualdad territorial.

Ahora, se cierra el debate en falso con cinismo, tras la pérdida de casi 63.000 habitantes en este periodo, 50.000 de ellos en los 10 últimos años, y con la tasa de envejecimiento y los indicadores de empleo iluminados en rojo.

Ahora, escuece la burla de formar parte de una comunidad artificial que ha penalizado el desarrollo.

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Valladolid que sea la capital de donde quiera, pero León debe defenderse como León. Solo.

León solo
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