jueves 19/5/22

Mesa camilla

Hay que reconocerles a los creadores de la Mesa por León el éxito de un concepto alrededor del cual concitar las frustraciones. Dos años después de su aparición, gestada por los sindicatos UGT y CC OO, inseminada por el PSOE gubernamental y apadrinada por el PP autonómico, el constructo ha derivado en un lugar común al que acudir para justificar la ausencia de las inversiones esenciales con las que revertir el declive económico provincial. La estrategia ha convertido una idea vacía, alentada tan sólo por la necesidad de acallar las reivindicaciones de una autonomía leonesa, en un pararrayos que permite a las administraciones públicas, sobre todo al Gobierno central, acogerse a sagrado cuando truenan sobre sus cabezas los gritos de reprobación ciudadana. No aparecen partidas en los Presupuestos Generales del Estado para los proyectos comprometidos con mayor énfasis. No existe consignación alguna para la planificación estratégica necesaria que cambie el modelo productivo. No hay nada capital para esta tierra en el mapa de corredores logísticos de la Junta, que esconde por detrás las plataformas agroalimentarias de Valladolid. Nada. Pero tenemos la Mesa por León.

La última en invocarla ha sido la delegada del Gobierno. Virginia Barcones anunció esta semana que convocará la Mesa por León para enero porque «hay dinero y voluntad de invertirlo». No aclaró cuál de las dos cosas faltaba hasta ahora, ni tampoco si derivará tan sólo en un escenario que vestir con las inversiones de la UE que hay abiertas para la concurrencia de todos los territorios nacionales. El plan, que se vendió como una herramienta extraordinaria con la que corregir los desequilibrios propiciados por las administraciones durante décadas, terminará en una oficina de subvenciones europeas como otra cualquiera de las que se preparan en el resto de provincias. La única esperanza se fía al trabajo abnegado de Humildad Rodríguez Otero, encerrada en un despacho sin apenas medios con los que dar cuerpo a la agencia de desarrollo que le encomendaron. No hay más. No se empeñen en esperar otra cosa diferente porque la voluntad inicial siempre fue la de utilizar la idea como arma política. Sólo falta aguardar a ver a quién le explota en las manos la bomba que circula bajo las faldas de la mesa camilla.

Mesa camilla
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